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Pros y contras de las medicinas alternativas

IZABEL CARDOZO, 2º BAC NOCTURNO. La medicina alternativa se refiere a un conjunto de sistemas, productos y prácticas médicas que no hacen parte de los cuidados o tratamientos de la medicina occidental o alopática. Plantas, vitaminas, probióticos, homeopatía, acupuntura, meditación y masajes terapéuticos son algunos de los pseudotratamientos de la medicina alternativa.

Hace unos años, la revista especializada Journal of the National Cancer Institute publicó un estudio realizado por Skyler Johnson, de la Universidad de Yale (EE.UU), en el que analizó y comparó datos sobre dos grupos de pacientes de cáncer: los que se trataban con medicina alternativa y los que se trataban con medicina alopática. Los resultados para aquellos pacientes sometidos a la medicina alternativa fueron espeluznantes. En mujeres con cáncer de mama, su riesgo de muerte aumentó un 470%. Los pacientes con cáncer colorrectal aumentaron su muerte un 360% y los pacientes con cáncer de pulmón, un 150%. Aun así, estos datos estremecedores no son suficientes para abrir los ojos a aquellas personas que aseguran que la medicina alternativa es mejor que la alopática, ya que creen que sus ventajas son: que al ser naturales son más seguras y menos agresivas para el cuerpo; que suelen carecer de efectos secundarios y efectos a largo plazo como puede ser el daño a algún órgano; que promueven el bienestar general y no solo combaten un síntoma; que son más económicos (al ser un método sin respaldo científico); que miran al cuerpo como un todo, y no se interesan por una parte específica; y que son preventivos.

Pero para casi cada una de estas ventajas, hay una desventaja, pues no están sometidos a controles de calidad; al haber menos supervisión, también hay una mayor exposición a fuentes no sanitarias o contaminadas; son más lentos en su efecto, pues la mayoría de los tratamientos se concentran en el origen del problema, por lo que el síntoma puede tardar más en desaparecer; las dosis están poco controladas y varían entre terapeutas por falta de consenso; son holísticos y no específicos, por lo que resultan menos eficaces para aliviar un problema agudo; muchos de estos tratamientos naturales no están cubiertos por los seguros; y en caso de crisis, su espectro es muy limitado.

En conclusión, dado el incremento generalizado del uso de diferentes prácticas de medicina no convencional, creo que los profesionales de enfermería tienen la obligación de dar a conocer estas terapias alternativas, advertir sobre los riesgos de su utilización a sus pacientes, pero también creo que deben estar capacitados para integrar ciertas modalidades de la medicina alternativa que tengan un potencial benéfico para curar o mitigar enfermedades, o aliviar el estrés y la ansiedad que pueden provocar.

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