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Actualidad del 18

Todo viaje tiene un principio y una última costa

A principios de julio, la profesora de castellano Pilar Blanco inició una nueva etapa de júbilo. Con estas palabras dice adiós a la que fue su profesión durante sus últimos 35 años (que no es poco)

El mío comenzó en otro siglo y a orillas del Atlántico, en un centro escolar de Vigo que sufrió mis ensayos docentes y fue el responsable de que culminaran en profesión, pues aquellas criaturas, algunos de cuyos apellidos aún recuerdo por su exótica música (Couto, Boullosa, Comesaña, Covelo Roma, Davila…) tiraban de mí de forma irresistible. Como lo hicieron luego con mil reclamos otras aguas más cálidas, otro horizonte aún más lejano e igual de sugerente y cientos de criaturas que recuerdo todavía mejor.

Y me vine al Mediterráneo. En concreto al muy mediterráneo Alcoy.

La vida del profesor se nutre de una mezcolanza de brebajes: el hidromiel del navegante en perpetuo trayecto; el vino adormecedor que invita a asentarse; el elixir de la eterna juventud que se renueva y nos renueva cada curso; el aguardiente del conocimiento y su embriaguez lúcida; el licor de cicuta de los adioses. La mía fue dando tumbos de Vigo a Alcoy, de ahí al Jorge Juan, Jaime II y Figueras Pacheco de Alicante, a Santa Pola y los catorce años en Benidorm hasta, por fin,  regresar a Alicante en 2005, cansada del ajetreo, con más años, más ganas y toda una experiencia atesorada para ser compartida en el Playa San Juan, donde ahora me despido.

Pocas profesiones requieren mayor vocación, entusiasmo y perseverancia que la docente. En ella se encierran muchas otras, como se alza el árbol más frondoso sobre unas raíces bien asentadas. Por eso, si tuviera que dejar algún mensaje a los compañeros que continuarán la labor que yo ahora culmino -antes de que una nueva ley educativa me provoque un derrame emocional-, lo haría con estas palabras de Antonio Machado: En cuestiones de cultura sólo se pierde lo que se guarda, sólo se gana lo que se da.

Enseñad al que no sabe; despertad al dormido; llamad a la puerta de todos los corazones, de todas las conciencias. (…)

Defender y difundir la cultura es una misma cosa: aumentar en el mundo el humano tesoro de conciencia vigilante. ¿Cómo? Despertando al dormido.

Tras haber besado a mucha bella durmiente sumida en sopores adolescentes, e incluso despertado a alguna que otro, ha llegado el momento de dedicarme a mí misma, aunque siempre podrán contar conmigo. Me gustaría pensar que dejo al menos tanto como me llevo; que nada he perdido, pues no me he reservado nada que pudiera contribuir a enriquecerlos; que he sido, más que profesora, hortelana frayluisina que fue sembrando semillas en el huerto por su mano plantado  que harán florecer las lluvias de abril y el sol de mayo. Que a partir de ahora me giraré muchas veces al oír mi nombre por la calle, y tendré la oportunidad de ver crecidos a quienes conocí diminutos, sosegados a los que pululaban su existencia polilla por aulas y patios; satisfechos estudiantes, competentes profesionales, magníficas personas con las que los abrazos habrán reemplazado a la distancia una vez evaporadas las jerarquías y selladas las grietas de la edad. Lo que importa ahora es quienes sigamos siendo. Yo, profesora siempre. Ellos (VOSOTROS), siempre “mis bichos”.

Pilar Blanco

1984-2019

Sin RIP.

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