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Rincón bohemio

 

Nereo es mi mejor amigo y siempre puedo contar con él. Kaito es repetidor, es muy majo aunque un tanto ingenuo. Le encanta el helado.

Miguel es muy tranquilo y no es el primero en meterse en problemas.

Yonathan es muy guay, pero algo callado. Siempre lleva puesto su gorro.

¿Y yo? Pues a mí me encanta la música, en especial pop y rock. Me gusta cantar, bailar y sé tocar bastante bien el piano. También me encantan los videojuegos. ¿Los que más? Pues los que tienen historia, básicamente los de rol. Se me dan bien la literatura en general y los idiomas, pero las ciencias se me dan de pena, en especial química y matemáticas. No soy bueno en la mayoría de deportes, excepto baloncesto y voley, pese a mi baja estatura.

Vivo en una ciudad normal, en un país normal y en un mundo normal. Puede que exagere, pero como que no destaco.

Pero...

El primer día en 3º de la ESO había llegado y me había tocado en la misma clase que a mi hermana y que mis amigos, la clase F.

Oí que llegarían nuevos alumnos. No era nada excepcional, pero sería interesante conocerlos. No tardaría mucho en hacerlo.

Por suerte había cuatro alumnos nuevos en nuestra clase, y por ello hicimos una ronda de presentacines.

Primero fuimos presentándonos los que éramos del centro en orden alfabético. Yo soy de los de en medio de la lista, así que casi nadie, me atrevería a decir que nadie, escucha mi presentación.

Después se presentaron los nuevos. Si mal no recuerdo, se llamaban: Pedro Ureña, Minnie Jone, Gaya García y...

-Me llamo Jeanne Lyon, estudiaba en casa con mi hermanastro mayor Gabino que tiene 35 años. Además de él rengo otro hermano mayor, Jean. Me encantan la música y las ciencias; en especial química y matemáticas. ¡Espero llevarme bien con todos vosotros!

Espera, espera, espera... ¿Ha dicho que le gustan las ciencias? ¿¡En especial química y matemáticas!?

Me di cuenta de que me había vuelto a quedar embobado cuando Nereo chasqueó los dedos enfrente de mi cara, ya que estábamos en grupos de dos y yo le había elegido como compañero de mesa. Sigo sin arrepentirme.

Cuando empezó la clase normal, tocaba matemáticas. Siempre he odiado las matemáticas porque son... no sé , ¿aburridas, tal vez? No sé cómo describirlo, pero lo que sí sé es que no me atraen.

Estábamos repasando las ecuaciones de segundo grado cuando el profesor me sacó a la pizarra. Estaba sufriendo mucho internamente, pero aun así me armé de valor y salí a la pizarra.

Me di cuenta de que no había sido buena idea demasiado tarde.

Estaba parado frente a la pizarra con la tiza en la mano sin saber qué hacer, y cuando decidí darme la vuelta para decirle al señor Mauro que no me lo sabía, Jeanne Lyon me señaló un papel que tenía en las manos donde tenía escrita la ecuación resulta, y abajo del todo ponía “¡Cópiame!” Obedecí a aquella hoja primero, me lo memoricé y luego lo copié en la pizarra.

Cuando terminé, el profesor parecía contento conmigo, así que sonreí y me senté. Después, instantáneamente saqué un papel, pues “gracias” en su interior, hice un avión de papel con él y se lo lancé a Jeanne Lyon.

El avión aterrizó suavemente en su mesa, el cómo sigue siendo un misterio hasta para mí. Ella lo vio en seguida, lo abrió e inmediatamente me sonrió.

Nunca se me olvidará esa sonrisa.

 

ILUSTRACIÓN: SOLANGE DEVAUREIX, 1º ESO F

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