Actualidad del 18

Despedida y entrega de orlas al alumnado de la promoción 2013/2019

El acto tuvo lugar en el Aula de Cultura de la CAM el pasado viernes, 24 de mayo
 
La profesora del Departamento de Castellano Pilar Blanco fue la encargada de despedir a los alumnos
 
 

DESPEDIDA DE 2º DE BACHILLERATO

PROMOCIÓN 2013-2019

 

Buenas tardes a todos: equipo directivo, representantes del AMPA, compañeros del metal docente, familias de las criaturas, excriaturas creciditas.

Dada mi conocida predilección por el deporte, había pensado pedirle a Paco Pla su decálogo olímpico… pero sería revisitar territorios ya explorados, así que zapatearé con mis propios zapatos y a ver lo que sale. Que los espíritus de Teresa de Ávila, Ramón María del Valle-Inclán, don Quijote y Gregorio Samsa acucarachándose nos pillen confesados.

Pues… aquí estoy de nuevo, en flagrante reincidencia.  Menos mal que este año el escenario es distinto, porque  corría el riesgo de parecer parte del mobiliario. Pero no os preocupéis, a la tercera va la vencida, que si una es alegría y dos redundancia, tres son multitud y fastidio. Mi excusa es que esta ocasión es también única y especial para mí. Y definitiva, pues si hoy nos reúne la despedida de una generación más de sanjuaneros que llegaron a nuestra orilla hace dos, seis, siete años y han conseguido sortear tornados y tsunamis, sirenas de canto tentador y algún que otro naufragio personal o académico, también yo digo adiós, y con este discurso entono mi particular canto de la cisna para hacer mutis por el foro tras treinta y cuatro años de profesión que me han hecho disfrutar, renegar, aprender, desesperar, enseñar y matamoscar a miríadas de escolares de los que hoy hay aquí una mínima representación, pero que en el tiempo que me quede de deambular por la vida me seguiré encontrando donde menos lo espere. Alguno habrá, sin duda, que desde la lazarillesca cumbre de toda buena fortuna y una vez aprendido a arrimarse a los buenos, que no siempre son los que lo parecen, se acordará de aquella profa un tanto peculiar que un día le dijo, la aconsejó, lo azuzó, la abrazó. O lo amenazó con los nueve círculos infernales si no enderezaba su camino. Y lo enderezó. ¡Cualquiera se atreve a no hacerlo!

Lo que se queda ahora de esta travesía de treinta y tantos años es una amalgama mestiza de nostalgia y de cansancio, de buenos ratos y amigos buenos, algunas decepciones, tiempo perdido en porcentajes, papecracias y buroleo, tiempo ganado, dentro y fuera del aula, con quienes son los auténticos interlocutores del profesor, sus alumnos. Tiempo, al fin, en el que no han faltado dosis de pasión y de espejismo.

Espejismo es conocer en brote (y a veces en capullo) a quienes con suerte pueden terminar convirtiéndose en personas granadas, esas almas nobles que apenas se percibían bajo capas y capas de hormonas y confusión hasta que el milagro se hizo.

Pasión es comprobar, al cabo de los lustros, que hemos sido un elemento necesario en la formación de valiosos ciudadanos, seres libres y pájaros cantores. Con ambos ingredientes podremos escribir el cuaderno de bitácora del profesor que fuimos y nunca dejamos de ser completamente. Pues si con el pretexto de la literatura se puede hablar del mundo, del mismo modo con el mundo se puede hacer literatura, hasta con la rutina de las aulas, pero mejor enriquecido con una pizca de guindilla, el siempre necesario distanciamiento irónico; que en España podrá faltar el pan, pero el ingenio y el buen humor no se acaban. Tampoco la ciega lucidez de Max Estrella, que terminó como terminó en parte por su cabeza loca, en parte por su noble cabeza.

Yo me voy. También la mayoría de vosotros, y no sé quién con más júbilo.  O sí. Aunque aún no seamos del todo conscientes de con cuánta añoranza.

Tras lo que ahora os parece la cárcel del instituto y pronto recordaréis como el Paraíso, para vosotros el espectáculo debe continuar, lleno de luces, de proyectos y sueños por cumplir. Lleno también de zozobras y temor al fracaso cuando haya que emplear las propias fuerzas contra gigantes como Pandafilando de la Fosca Vista y no contra modestos molinos como ahora, insignificantes por ásperos que los creáis. Esos gigantes que sacamos en procesión padres y profesores para recordaros que la vida real es otra cosa y en ella tendréis que demostrar quiénes sois y hasta dónde sois capaces de llegar sin red, sin trampa, sin ultimahorismos.

Será duro, no os voy a engañar. Nunca sabemos cuánto hasta que no estamos presos de patas en ello. Las aulas y los hogares son, en muchas ocasiones, líquido amniótico que amortigua los golpes, que nutre y estimula sin exigir apenas más esfuerzo que dejarse llevar, aunque regidos por normas que os resistís a seguir y cuya razón os negáis a comprender. Como corriente manriqueña que conduce hacia la mar, que es el vivir, fluye cuajado de enseñanzas que buscan convertiros en personas plurales, en ciudadanos tolerantes, informados, con capacidad de profundizar en un entorno de superficialidad y apariencia, de mentiras y falacias; capaces también de separar el grano de la paja, el bulo interesado de la verdad borrada a brochazos, silenciada por el ruido. Aquel, tan tentador y fácil; esta, tan modesta, molesta, arrinconada.

La educación, también la que uno ejerce sobre sí mismo, es una inversión a largo plazo. Y ahora todo es rápido, fugaz, visto y no visto. Quizás por eso se echa tanto en falta.

Apartad por un momento vuestros ojos de una pantalla y enfocadlos a vuestro interior. Escuchad. ¿Lo oís? No es el silencio. Eres Tú, y Tú, y Tú. Un disco duro que bulle de reclamos, de órdenes y desacatos, de ganas y de desgana. Que arde y se apaga una y otra vez. Es preciso estar atentos y no dejar que la ocasión pase de largo. Aunque siempre habrá otra, no hay excusa. Un expreso de medianoche recoge a los rezagados. Salir el último no impide llegar el primero. El riesgo es no salir.

Sin embargo, los atajos tienen las patas cortas y vuestro tan amado “cortaypega” no siempre es útil como procedimiento científico. Si algo es imprescindible para alcanzar el destino de cada uno es salir de aquí bien pertrechados de conocimientos, intuición, curiosidad, honradez y, desde luego, autoexigencia. Antes de analizar vuestro paso por el instituto recordad estas palabras de Eduardo Galeano: Libres son quienes crean, no quienes copian, y libres son quienes piensan, no quienes obedecen. Enseñar es enseñar a dudar.

Todo lo que vale cuesta. Parece una perogrullada, pero respetar y valorar el esfuerzo, el propio y el de quienes nos rodean, es la clave de la promoción de personas valiosas que podrán aportar al país lo que este necesita, y no de arribistas (en sermo vulgaris “trepas”) que buscan únicamente el beneficio propio a costa de lo que sea.

El mensaje que debería transmitirse desde los centros educativos, las familias y quienes nos gobiernan o aspiran a hacerlo es que no todo vale. Que la tan repetida frase de Maquiavelo de que “el fin justifica los medios” no es la mejor opción; que un título no es lo mismo que un papel timbrado donde no brillan ni conocimientos ni solvencia. Que hay que atreverse a saber. Y sentir orgullo por ello. Y apreciar la excelencia antes de que su falta nos empobrezca como personas y ciudadanos.

Preocupaos más por ser competentes que competitivos y tan autoexigentes como soléis serlo con los demás, sean profesores, compañeros o familiares. Pero, por favor, sed antes que nada buenas personas. Aunque no esté de moda ni se consigan megustas ni éxito fulgurante en las redes, copadas por la simulación, y donde los peces grandes siempre se comen al chico, el lobo a los corderos y el mercado a todos. La labor de cada generación que da un paso al frente es mejorar la herencia que recibe. Salvad el planeta, conseguid la igualdad, velad porque las palabras honestidad, altruismo, ética, civismo o tolerancia no sigan devaluándose por el mal uso o sean condenadas a la desaparición. No sustentéis ni contribuyáis a la infección moral que nos devasta. Os va la vida en ello.

Porque la actualidad es un rodillo de verdad única que aplana las mentes, que forma clones de pensamiento único, androides adiestrados para pulsar un botón, aplicar mecánicamente una terapia o un ajuste de mercado, ensamblar circuitos o tablones, procesar sin analizar, ejecutar sin comprender y, por tanto, sin cuestionar. Números, piezas, clientes. Conformistas, acríticos, alienados, desideologizados.

Inhumanos.

Por eso nos repiten que sobran las Humanidades. Pero en ellas se condensa casi todo lo que nos distingue como especie. Ya dijo, con su lucidez acostumbrada, José Luis Sampedro: Hay que vivir, para vivir hay que ser libre, para ser libre hay que tener el pensamiento libre y para tener el pensamiento libre hay que educarse.

¿A qué estáis esperando?

Todo esto conforma el desafío que se os presenta a partir de ahora: mitad voluntad y mitad constancia, el limón del riesgo y la sal de la aventura. El futuro.

Será costoso, pero al menos tendréis la oportunidad de afrontarlo.

Hay un tiempo en que somos inmortales. La muerte no existe como no existe la responsabilidad de combatirla. Es un nido pequeño y feliz que los adultos alimentamos. Nos creemos felices con ese traje de superhéroe que los años van descascarillando hasta que cae pulverizado a nuestros pies. Carpe diem, cantamos. Y el día es infinito y la noche solo el tiempo para la celebración.

Pero vosotros habéis empezado demasiado pronto a comprender las reglas de este juego que conciernen a todos.

No puedo dejar de mencionar, como ya habréis adivinado, a quien debería estar sentado ahí, entre vosotros, sonriente y acicalado como el que más.

Pero hace unos meses sobrevino lo inesperado. El sueño mutó en pesadilla de las que no se disuelven con la luz del día. Llegasteis a creer que ya nada volvería a ser como antes, porque con cada amigo que se marcha antes de tiempo se esfuma una parte de nosotros.

A pesar de ello la vida sigue. Vuestra vida sigue. Ahora con una semilla muy pequeña plantada en vuestro interior. En ocasiones creeréis haberla perdido y que el pañuelo húmedo del olvido ha ido borrando toda memoria de su paso. No es verdad. Está ahí, siempre estará ahí. No seríais los mismos sin ella. Habéis perdido a un amigo, a un compañero, pero habéis adquirido la conciencia de la pérdida.

La vida de todos es un milagro y es un reto. Un horizonte que se aleja cuando parece que estamos a punto de alcanzarlo, que plantea retos nuevos. Un camino con obstáculos y áreas de descanso donde a veces querremos plantarnos porque el agotamiento o el desánimo nos abruman.

Muchos se quedan en ese camino o hallan antes su meta.

Los que continúan atesoran la llama vital de los compañeros de ruta, los que naufragaron de distintas maneras. De todos depende transportarla para que no se extinga, para que ellos rocen también el horizonte y festejen vuestras orlas y empiecen una carrera y se gradúen, se enamoren, se vayan de Erasmus o a trabajar en lo que hubieran deseado, tengan hijos y nietos, descubran una vacuna, una aplicación, una ciudad perdida, un teorema, creen una obra de arte, un tejido que repare la piel, un alimento que acabe con el hambre, una música que aplaque la tristeza, una nueva manera de entenderse, de gobernar en paz y concordia, para que también gocen, a través de la vuestra, de una vida fecunda y de  una muerte digna a su debido tiempo.

Somos agua de lágrimas y tierra de alegrías. Inseparables. Somos, como tantos que han vivido antes que nosotros, criaturas efímeras de paso hacia la muerte.

Y aún así sabemos ser felices. Y no olvidar. Solo una cosa no hay, es el olvido, dice Jorge Luis Borges, tan genial como inmortal en su escritura.

Marcos estará con vosotros, en vuestros logros y también en los tropiezos. Con su sonrisa y sus bromas, dándoos un empujón cuando os planteéis tirar la toalla, recordándoos que lleváis su “pudo ser” en vuestra mochila. Indicándoos por dónde ir hasta alcanzar la luz que ahora él habita para siempre.

Yo me voy también. Y lo hago satisfecha pero también aliviada. La deriva que en los últimos años ha tomado la enseñanza ha consolidado algunas de mis certezas y hecho que se tambalee mi confianza. Creo que cuando se ha querido tanto una profesión hay cosas que es preferible no tener que ver.  

Ha sido una larga marcha que en general se me ha hecho muy corta. En la que he conocido a mucha gente excelente a la que al cabo de los años llamo amiga, demasiados planes educativos más peligrosos que el tobogán de Estepona, una administración casi siempre de espaldas a los administrados, profesionales de la enseñanza entregados y brillantes y otros estragados y sin pilas; alumnos a los que resulta imposible no querer y otros que querrías que fueran menos imposibles, centros que funcionan y centros que se durmieron cien años atrás, no sé si con pinchazo y rueca, y a los que no acaba de llegar el beso principesco. En resumen, y como os decía antes, he podido disfrutar de toda la redonda, multiforme y apasionante vida docente.

Quizas, parafraseando a Roy Batty en “Blade runner”, todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas  en la lluvia.  Es hora de partir.

Y para rematar este discurso que más parece la Biblia en verso, ahora toca ¡el verso! En coplas de pie quebrado,  como no podía ser menos dada mi afición/adicción a arrastrar  mi cojitranca figura por los pasillos:

La enseñanza es un camino

hacia el otro, que es oficio

de futuro.

Todo es jamón o tocino,

aquí nada es desperdicio

podre o duro.

 

Os recibimos pequeños,

llenando en tropel las aulas

y pasillos.

Vigilamos vuestros sueños

pero os guardamos en jaulas

como a grillos.

 

Sin espada ni quijotes

luchamos por derrotar

a un rival

que ya no luce bigotes,

que desdobla su avatar

virtual.

 

Aunque, al fin, lo que interesa,

lo que hace al hombre distinto

y más humano,

no es sujetar bien la presa,

sino frenar el instinto

con la mano.

 

Y cuando hayamos cerrado

estos años que construyen

lo que haremos,

reconocer el legado

donde hombre y cultura fluyen

ya sin remos.

 

Pensar ( la filosofía),

elevarse de este suelo

(lo que oprime)

con el arte y la poesía,

la música que alza el vuelo

y nos redime.

 

Conocer lo sucedido

para evitar reincidencia

del pasado;

interpretar lo escondido

en aquello que la ciencia

ha demostrado.

 

 

Las leyes del universo,

la medida de las cosas,

su lenguaje,

el alma de cada verso

que da al cisne y a la rosa

su plumaje.

 

Hacer la cartografía

del alma humana y sus miedos;

sus idiomas.

Regular lo que algún día

volverá intentos y puedos…

más axiomas.

 

Y aunque parezca que ahora

se cierra mi trayectoria

laboral

y la jubilación dora

lo que queda de mi historia

personal,

 

espero dejar la impronta

que algunas generaciones,

hacia adentro,

guardarán en su memoria,

poblando los corazones

en su centro.

 

Nada se cierra o concluye,

nada es despedida, flor

decisiva.

Y un profesor nunca huye:

siempre será profesor

mientras viva.

 

Pilar Blanco, mayo 2019.

Imágenes cedidas por Luis Calvo, Jerusalén Lassaletta y Pilar Blanco.

 

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