VOCABULARIO DE MARX

 

FILOSOFÍA CONTEMPORÁNEA

 

IDEALISMO

 

IDEALISMO ALEMAN

 

DERECHA HEGELIANA

IZQUIERDA HEGELIANA

 

MATERIALISMO

 

OBRAS DE MARX

 

MATERIALISMO HISTÓRICO

DIALÉCTICA

MATERIALISMO DIALÉCTICO

 

NATURALEZA DEL HOMBRE

ALIENACIÓN

ALIENACIÓN ECONÓMICA

ALIENACIÓN RELIGIOSA

 

MODO DE PRODUCCIÓN

INFRAESTRUCTURA

SUPERESTRUCTURA

FUERZAS PRODUCTIVAS

RELACIONES DE PRODUCCIÓN

TRABAJO

MERCANCÍA

PLUSVALÍA

VALOR DE CAMBIO

VALOR DE USO

 

CLASE SOCIAL

COMUNISMO

 

 

 

ALIENACIÓN

O enajenación o extrañamiento. Circunstancia en la que vive toda persona que no es dueña de sí misma, ni es la responsable última de sus acciones y pen­samientos. Para Marx es la condición en la que vive la clase oprimida en toda sociedad de explotación, en toda sociedad que admite la propiedad privada de los medios de producción.

Tanto para Marx como para Hegel, este concepto describe la siguiente situación que le puede sobrevenir a un sujeto: cuando no se posee a sí mismo, cuando la actividad que realiza le anula, le hace salir de sí mismo y convertirse en otra cosa distinta a la que él mismo propiamente es, decimos que dicho sujeto está alienado; la alienación describe la existencia de una escisión dentro de un sujeto, de un no poseerse totalmente y, como consecuencia de ello, comportarse de un modo contrario a su propio ser. Sin embargo, aunque Marx tomó este concepto de Hegel, hay importantes diferencias en el modo en que ambos filósofos la interpretaron:

    para Hegel el sujeto de la alienación es la Idea (que algunos intérpretes de su pensamiento identifican con el mismo Dios), para Marx el sujeto es el hombre;

    para Hegel la alienación consiste en el peculiar procedimiento por el cual la Idea se hace otra cosa radicalmente distinta de sí, se enajena y se hace Naturaleza; y las razones de este extraño destino son de índole teológica, pues tienen que ver con los planes de la Idea (Dios) para su propia perfección o autoconocimiento. En Marx la alienación se refiere a la explotación del hombre por el hombre, se refiere a la pérdida de autonomía y libertad de una clase social como consecuencia de la explotación a la que le somete otra clase social, principalmente por el hecho de existir la propiedad privada de producción.

Marx considera que con la aparición de la propiedad privada se produce una cir­cunstancia social totalmente nueva y que sólo podrá eliminarse con la abolición de dicha forma de propiedad. Podemos entender esta nueva situación si nos fijamos en la alienación en la sociedad esclavista: en esta sociedad el esclavo no se pertenece a sí mismo sino al amo; el amo puede disponer a voluntad del esclavo, de su cuerpo, de su mente, de su personalidad y sus habilidades. Cabe distinguir el individuo mismo, su actividad y los objetos producidos por su actividad; pues bien, en dicha sociedad, el esclavo no es dueño ni de sí mismo (carece de libertad completa, no puede hacer lo que quiera con su cuerpo, ni con su sexualidad, ni con su mente) pero tampoco es dueño de su actividad, ésta le pertenece al amo, como también le pertenece al amo el conjunto de objetos producidos por el esclavo (por ejemplo los objetos de su activi­dad manual, lo que obtenga por trabajar en el campo.  Según Marx, lo mismo ocu­rre en el sistema de producción capitalista: aquí el hombre se hace cosa, mercancía, usada por el propietario de los medios de producción sólo como un instrumento más en la cadena de producción de bienes. La propiedad privada convierte los medios y materiales de producción en fines en sí mismos a los que subordina al mismo hombre.

La propiedad privada aliena al hombre porque no lo trata como fin en sí mismo, sino como mero medio o instrumento para la producción.

 

LA ALIENACIÓN EN HEGEL Y MARX

significado común

sujeto escindido: el sujeto perdiendo su propio ser,

convirtiéndose en algo contrario a su propia esencia

diferencias

 

sujeto de la alienación

causa de la alienación

muestra de la alienación

superación de la alienación

HEGEL

la Idea (Dios)

teológica

la existencia de la Naturaleza como algo distinto a la propia Idea

la autoposesión de la Idea en su existencia como Espíritu

MARX

la clase

oprimida

la existencia de la propiedad privada

la existencia de clases sociales

abolición de la propiedad privada, las clases sociales y la explotación del hombre por el hombre

 

 La alienación principal es la alienación económica, la alienación que se da como consecuencia de la estructura socioeconómica que descansa en la propiedad privada, pero no se agota en ella, pues también se expresa en la alienación religiosa, política, e intelectual. Podemos entender toda la propuesta filosófica de Marx como el intento de crear una filosofía que permita comprender las causas de la alienación (y en último término del sufrimiento humano) y encontrar su solución.

 

ALIENACIÓN ECONÓMICA

Es la principal forma de alienación puesto que de ella dependen todas las demás. Se da en el trabajo y se refiere al hecho de que en esta actividad el sujeto productivo sufre una expoliación del producto de su trabajo, de su propia acti­vidad y, en último término, de sí mismo.

Para entender la importancia de la alienación económica es preciso recordar la valoración que Marx hace del trabajo. Aunque Marx no niega que exista una natura­leza humana, considera, sin embargo, que ésta se limita a funciones básicas como las relacionadas con las necesidades biológicas (alimentación, reproducción, ...). El resto de características que podemos encontrar en el ser humano son consecuencia del orden social vigente. Dicho de otro modo, en lo fundamental, el hombre es lo que él mismo se ha hecho, tanto tomando al hombre como individuo concreto, como tomán­dolo como especie; y este hacerse está limitado y dirigido por el orden social en el que está inmerso. El hombre es esencialmente un ser de acción, su realidad no le viene dada o determinada genéticamente sino que es consecuencia de lo que él mismo ha hecho. El hombre es realmente un ser productivo, y el trabajo no es otra cosa que la transformación de la realidad para la satisfacción de sus necesidades, pero transfor­mando la realidad se transforma a sí mismo. La felicidad, la perfección humana, su propio bien, no le viene a éste propiamente de la pasividad sino de la acción, de la ocupación con las cosas (por tanto del trabajo, incluido el intelectual). El problema es que el lugar en el que el hombre ha de realizarse, el trabajo, no lo vive, sin embargo, como el ámbito de la creatividad y de la autorrealización, lo vive más bien como el lugar del sufrimiento y de la limitación de sus facultades físicas y espirituales. Y Marx cree que la razón de esta esencial insatisfacción está básicamente en que en las socie­dades de explotación el sujeto vive la “actividad personal” o trabajo como algo que propiamente no le pertenece a sí mismo. En las sociedades de explotación el trabajo ya no expresa las facultades humanas; tanto el trabajo como sus productos se viven como algo ajeno al sujeto productivo, a su voluntad y proyectos. En el acto de la producción el trabajador experimenta su propia actividad “como algo ajeno y que no le pertenece, la actividad como sufrimiento (pasividad), la fuerza como debilidad, la creación como castración”. Mientras que el hombre se enajena así de sí mismo, el producto del trabajo se convierte en un “objeto ajeno que lo domina”.

La alienación económica que se vive en las sociedades de explotación se manifiesta en los siguientes alienaciones particulares:

1.  Alienación de la actividad: en el proceso del trabajo, el hombre se enajena de sus propias facultades creadoras, no vive su actividad como algo que le pertenezca real­mente, que forme parte de sus proyectos. El trabajo se vive como algo exterior y forzado. Dicho de otro modo: si trabaja lo hace por dinero, no porque la actividad se quien por sí misma o porque sirva para otros fines ulteriores con los que el sujeto se pueda identificar sin sentirse desposeído (el bien de la sociedad, por ejemplo).

2.  Alienación del objeto: los objetos producidos por la actividad del trabajador no le pertenecen a él, los vive como ajenos; aunque fuese realmente el esclavo el que construía un edificio, o trabajaba en el campo, el producto hecho por él no era de él  sino del amo. Esto es precisamente lo que Marx señala con su idea del “fetichismo dela mercancía”. Además, el objeto se presenta como algo ajeno en un sentido mas básico: en estos sistemas productivos, el productor se somete o subordina al producto en el sentido de que el productor es un mero medio para producir el objeto, en el sentido de que en dicha situación lo importante no es el bien del productor (su salud el perfeccionamiento de sus facultades físicas o psíquicas) sino la mercancía producida. La crítica marxista a las sociedades de explotación conecta claramente con la tesis kantiana relativa a la necesidad de tratar a las personas como fines finales, no como meros medios: para Marx el gran defecto social y moral de las sociedades de explotación es que no tratan a las personas como fines sino como medios, en ellas el productor es un mero instrumento para producir cosas, y no propiamente una persona. Más que la cuestión de la desigualdad de la riqueza, a Marx le preocupó el hecho de que el trabajo en estas sociedades destruye la individualidad, trata al productor como una cosa y lo hace esclavo de las cosas.

3.  Alienación social: la alienación económica hace que el objeto producido no le pertenezca al trabajador sino a otro, creando con ello una escisión en la sociedad, dando lugar a dos grupos o clases sociales antagónicas: la clase oprimida que realmente produce las mercancías y la clase opresora que se apropia de ellas.

Marx suponía que la enajenación del trabajo, aunque existente a lo largo de toda la historia, alcanza su cima en la sociedad capitalista y que la clase trabajadora es la más enajenada. Para entender esta conclusión es preciso recordar las extremas condiciones de vida en la que vivían los trabajadores en el siglo XIX, condiciones que supusieron un retroceso respecto de la situación de épocas anteriores: jornadas labo­rales cada vez más largas, trabajo agotador de niños, menor esperanza de vida de la clase trabajadora,

 

ALIENACIÓN RELIGIOSA

La religión es una forma de alienación porque es una invención humana que consuela al hombre de los sufrimientos en este mundo, disminuye la capacidad revo­lucionaria para transformar la auténtica causa del sufrimiento (que hay que situar en la explotación económica de una clase social por otra), y legitima dicha opresión.

Marx considera que la experiencia religiosa no es una experiencia de algo realmente existente. Su punto de vista es claramente ateo: no existe Dios ni una dimensión humana hacia lo trascendente (por ejemplo, algo así como un alma). Con la excepción de su tesis doctoral “Diferencias entre la filosofía de la naturaleza de Epicuro y la de Demó­crito”, en donde expresamente se ocupa de los argumentos tradicionales para la demostración de la existencia de Dios, no encontramos en sU filosofía argumentos explícitos que muestren la verdad del ateísmo frente a la verdad del creyente; para este filósofo el ateísmo es más bien un principio. Seguramente porque pensó que ya las críticas de la izquierda hegeliana, particularmente Feuerbach, habían puesto de manifiesto la inconsistencia o falsedad de las creencias religiosas, Marx apenas se molesta en refutar los argumentos para la demostración de la existencia de Dios, o en mostrar el supuesto absurdo de las creencias religiosas. Si queremos buscar en su filosofía una crítica a la religión la encontramos más bien en su idea de la religión como alienación.

La religión tiene que ser estudiada objetivamente, esto quiere decir que, desde su punto de vista, tenemos que estudiar la religión como estudiamos cualquier otra manifestación humana, tratando de ver su relación con otras experiencias humanas y particularmente en relación con las condiciones económicas y sociales de la sociedad que la ha gestado. En esta línea, Marx crítica la religión por considerarla una forma de alienación. La religión es una forma de alienación en tres sentidos:

por una parte porque es una experiencia de algo irreal, es una experiencia de algo que no existe. Siguiendo a Feuerbach, Marx considera que no es Dios quien crea al hombre sino el hombre a Dios. Recordemos el esquema básico de toda aliena­ción: el sujeto realiza una actividad que le hace perder su propia identidad, su propio ser; bien por su actividad, bien por el objeto creado mediante ella, en la alienación el sujeto se anula a sí mismo. Según Marx, esto es precisamente lo que ocurre en la religión: el hombre toma lo que considera mejor de sí mismo (voluntad, inteligencias bondad, ...) y lo proyecta fuera de sí, en el ámbito de lo in­finito; a su vez, esta proyección se vive como una realidad que se enfrenta al pro­pio sujeto que la ha creado. Si la religión supone la existencia de Dios como algo infinito, lo hace oponiendo a ella el mundo finito, incluido el hombre mismo, des­valorizando su propio ser y su propio destino, desvalorizando el mundo humano frente a la calidad absoluta de la realidad trascendente o divina, realidad, por otra parte, dice Marx, meramente inventada por el hombre;  pero la religión también es alienación porque desvía al hombre del único ámbito en donde le es realmente posible la salvación y felicidad, el mundo humano, el mundo de la finitud expresado en la vida social y económica. Al consolar al hom­bre del sufrimiento que en este mundo le toca vivir, sugiriendo en él que en el otro mundo le corresponderá la justicia y la felicidad plena, le resta capacidad, energía y determinación para cambiar las situaciones sociales, políticas y económicas que son las realmente culpables de su sufrimiento. En este sentido Marx dice que la religión es el “opio del pueblo”, pues, en definitiva, adormece el espíritu revolu­cionario que de otro modo tendría el ser humano;

  finalmente, su crítica a la religión se extiende también al hecho de que la religión suele tomar partido. pero no por las clases desfavorecidas sino por la clase dominante, perpetuando a ésta en el poder, legitimando el estado de cosas existente, dando incluso, en casos extremos, justificaciones teológicas al dominio de un grupo social sobre otro.

Por estas razones Marx consideró que era necesaria la superación de la religión y que ésta pasa realmente por la superación del sistema de clases sociales: la diferencia con respecto a Feuerbach está precisamente en esta cuestión, pues para Feuerbach la supresión de la religión era posible con su superación intelectual, con la crítica filosófica a la religión; Marx creyó que era necesario, además y fundamentalmente, la modificación de las condiciones económicas que la han hecho posible, es decir, la desaparición del orden social creado a partir de la existencia de la propiedad privada. En la sociedad comunista no existirá la religión pues en esta sociedad no existirá la alienación, y ya se ha dicho que la religión aparece como consecuencia de la alienación.

 

 CAMBIO SOCIAL

Para el materialismo histórico el cambio social se explica básicamente a partir del cambio en el sistema productivo de cada sociedad y del enfrentamiento entre las clases antagónicas generadas por el sistema productivo.

 

Si entendemos por cambio social no tanto la movilidad social de un individuo de una clase a otra sino el cambio de las instituciones, leyes, sistemas políticos,.... en definitiva el cambio que observamos en la historia, el materialismo histórico propuesto por Marx presenta una interpretación característica. Para Marx el motor de la historia es consecuencia del enfrentamiento entre clases opuestas, el enfrentamiento entre la clase explotada y la clase explotadora (clases que adquieren diferentes rasgos en cada época histórica: esclavos-amos, siervo-señor, proletario-burgués). Los distintos movimientos sociales, los distintos acontecimientos históricos, descansan en último tér­mino en el afán de la clase dominante por perpetuar su dominio, por satisfacer su interés, y en el afán de la clase oprimida por romper el yugo de la opresión, por libe­rarse de la condición de explotación en la que vive. Este enfrentamiento es inevitable, y en gran medida independiente de las voluntades y conciencias de los individuos particulares, pues es consecuencia de la sociedad misma y del desarrollo técnico y económico alcanzado en cada momento histórico y gracias al cual las distintas socie­dades resuelven el problema de la supervivencia. Cada modo de producción da lugar a sistemas de dominio propios, a clases sociales peculiares. El modo de producción capitalista ha dado lugar alas clases sociales antagónicas de la burguesía y el proletariado.

 

Sin embargo, Marx fue optimista y consideró que el enfrentamiento entre clases sociales antagónicas no era un destino absolutamente inevitable de la humanidad, antes bien, creyó que el propio hombre puede hacerse dueño de su destino y eliminar este antagonismo. Y ello precisamente como consecuencia de la praxis revolucionaria, de la actividad de cara a la transformación del sistema político: dado que todas las situaciones de dominio tienen como fundamento último la existencia de la propiedad privada, podremos eliminar la opresión de un grupo sobre otro si eliminamos la propiedad privada. Hay que insistir en que esta valoración es optimista pues cabe pensar que la opresión de un grupo sobre otro, la injusticia y el sufrimiento, descanse en algo más básico aún que la propiedad privada, o que tal vez acompañará al hombre hasta el fin de la humanidad. Marx no defiende esta concepción pesimista y considera que eliminadas las causas sociales, eliminaremos el sufrimiento de la humanidad. La trans­formación de la sociedad precisa de una acción revolucionaria que suprima la clases sociales. En este punto las ideas de Marx no son claras, en algunos textos se subraya el carácter inevitable del fin del capitalismo (se dice por ejemplo, que en función de sus propias leyes, el capitalismo cava su propia tumba); sin embargo es más afín a su pensamiento la tesis de que el paso a una sociedad nueva se ha de hacer merced al esfuerzo revolucionario del proletariado. El pensamiento marxista posterior al propio Marx suele establecer las siguientes fases en el proceso revolucionario hacia la sociedad sin clases:

1)  La democracia: en esta etapa se constituye la “dictadura del proletariado” me­diante la toma del poder político. Los marxistas suelen distinguir entre democra­cia obrera y democracia burguesa:

    en la democracia burguesa la libertad de los individuos es meramente formal, es una libertad proclamada por la ley vigente pero que no viene acompañada por la posibilidad material para su realización. En esta democracia el verdadero poder está en manos de la burguesía y no de la clase trabajadora, a la que se le dan derechos sobre el papel pero no las condiciones materiales (económicas, políticas y sociales) para que realmente la ejerzan;

    en la democracia obrera es la clase obrera la que ostenta realmente el poder, impidiendo mediante leyes y medios coercitivos diversos (policía, ejército, expro­piación de tierras, control de los movimientos financieros, nacionalización de la banca y de las fábricas,...) la explotación de una clase social por otra. Desde el punto de vista de los obreros es una democracia porque el poder descansa en esta clase social, poder que se expresa institucionalmente en la creación de consejos obreros en las fábricas, o en órganos políticos en manos del partido comunista. Desde el punto de vista de la burguesía es una dictadura pues se emplean medios coercitivos para perseguir a los que defienden ideas contrarias a los intereses de la clase trabajadora y la violencia en la expropiación de las riquezas de los burgueses.

2)  El socialismo: en esta fase se potencia el papel del Estado como instrumento para racionalizar la producción (economía dirigida, planes quinquenales para la eco­nomía. ...), la distribución a toda la población de la riqueza generada (sanidad pública, educación pública, obras públicas, subsidios, ...) y el control social (represión de los grupos que quieran volver a instaurar la propiedad privada y el sistema de clases sociales). En esta fase el Estado consigue un intenso desarrollo de los medios de producción y de la riqueza social y va eliminando las diferencias económicas y sociales de los distintos grupos o clases sociales que pudieran aparecer.

3)  El comunismo: o culminación del proceso revolucionario. Es la fase definitiva en el desarrollo de la humanidad y con ella comienza la auténtica historia humana. Auténtica historia porque sólo en ella el hombre es realmente protagonista de su destino, sólo en ella se ha hecho dueño de sí mismo; Frente a esta fase, todo lo ocurrido antes al ser humano pertenece a su prehistoria. Es una época de abun­dancia, de plenitud, en donde ya habrán desaparecido definitivamente las clases sociales, los intereses particulares, e incluso el Estado, al menos el Estado enten­dido como el instrumento de un grupo para dominar sobre otro En relación con el proceso revolucionario como momento necesario para la superación de la sociedad capitalista y la instauración del comunismo, es preciso recordar también las siguientes consideraciones:

    respecto del uso de la violencia: muchos partidos comunistas, particularmente hasta los años setenta, aunque también algunos en la actualidad, consideraron que ésta era legítima y crearon grupos armados (guerrillas, grupos terroristas, ...);

    en cuanto a la dictadura del proletariado, los sistemas políticos instaurados tras las revoluciones propiciadas por los partidos comunistas como el ruso, chino, cu­bano..., la han defendido; otros partidos comunistas, por ejemplo los creadores del socialismo democrático, como el eurocomunismo de los partidos comunistas francés, español e italiano, han rechazado este método y han propuesto la persua­sión democrática, el convencimiento de los electores antes que la violencia política como método para llegar al socialismo.

La posición de Carlos Marx sobre estas importantes cuestiones no está clara: no fue totalmente explícito en la valoración de la violencia como instrumento para la toma del poder por parte del proletariado, ni de la legitimidad de la violencia del Es­tado (dictadura del proletariado) sobre grupos sociales distintos a la clase obrera, aunque los textos parecen avalar una interpretación autoritaria del poder político (legitimación de la violencia y de la dictadura del proletariado). Tampoco explicó con claridad las peculiaridades del sistema social que llamamos socialismo y mucho menos el que llamamos comunismo.

De este modo, la praxis revolucionaria no hace mas que realizar el ideal filosófico de Marx, expuesto en su tesis XI sobre Feuerbach: “los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos; de lo que se trata es de transformarlo”.

Ver “materialismo histórico”.

 

CLASE SOCIAL

Conjunto de personas con los mismos intereses económicos como consecuencia de relacionarse del mismo modo con los medios de producción. En la sociedad capitalista las dos más importantes son la burguesía y el proletariado.

El marxismo considera que las clases sociales aparecen en las sociedades con división social del trabajo. No todo el mundo trabaja de la misma manera, ni se rela­ciona del mismo modo con las fuerzas productivas. Con la aparición de la propiedad privada la sociedad se divide en dos grandes grupos o clases: la de las personas que poseen propiedad privada, que son dueñas de los medios de producción (tierras, fábri­cas, ...) y la de aquellas personas que no son dueñas de dichos medios y sólo disponen de la fuerza de su trabajo para sobrevivir. De este modo, son básicamente dos las clases sociales en toda sociedad que admite la propiedad privada de los medios de producción: la clase explotadora y la clase explotada. En función de las peculiarida­des del modo de producción de cada sociedad, del modo en que cada sociedad produce bienes, las clases sociales serán distintas.

 

CLASIFICACIÓN DE LAS CLASES SOCIALES

modo de producción

ESCLAVISTA

FEUDAL

CAPITALISTA

clase explotada

amos

señores

burguesía

clase explotada

esclavos

siervos

proletarios

 

En el modo de producción capitalista la división social más importante es la que

opone a la burguesía y al proletariado, aunque Marx también señaló variantes de estas

clases sociales:

1.  burguesía financiera (banqueros y propietarios de las materias primas);

2.  burguesía industrial (propietarios de las grandes empresas);

3.  pequeña burguesía (pequeña empresa, pequeños propietarios, comerciantes, ...);

4.  clase terrateniente (dueños de las tierras);

5.  clase campesina;

6.  proletariado (obreros de las fábricas y asalariados en general, que viven exclusi­vamente de su trabajo);

7.  lumpemproletariado (clase desposeída situada fuera del mundo laboral y que sólo es contratada esporádicamente, en función de las necesidades del capitalismo).

El factor fundamental que define a una clase es la relación que las personas que en ella se incluyen tienen con los modos de producción, pero, a partir de este factor principal, las clases sociales presentan también otras características: por ejemplo, en “El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte” nos dice Marx que las condiciones económi­cas determinan “su modo de vivir, sus intereses y su cultura”. Como consecuencia de la existencia de esta fractura en la sociedad, el marxismo es una teoría que destaca el conflicto, el enfrentamiento entre clases sociales (guerra encubierta dice Marx a veces); no es posible la armonía ni la paz social definitiva en las sociedades clasistas, la armo­nía y la paz social sólo será posible en la sociedad sin clases (comunismo).

Ver “modo de producción”.

 

COMUNISMO

Sistema social en el que no existe la propiedad privada. La sociedad en su conjunto, no los individuos particulares, es la dueña de los fuerzas productivas.

A diferencia de otras propuestas comunistas (como la que Platón desarrolla en la “República”), Marx no explicó con detalle y precisión los rasgos de la sociedad comunista, ni su modo de organización social. Pero de los textos se pueden extraer las siguientes características:

    no existe la propiedad privada: la etapa anterior al comunismo, la dictadura del proletariado, se encargó de la abolición de la propiedad privada de los medios de

producción. En la sociedad comunista la propiedad es del conjunto de la sociedad; el modo concreto de realizar esta idea no está claro, pero parece que sólo mediante organismos o instituciones que distribuyan los beneficios y den a cada cual en función de sus necesidades y exijan de cada cual en función de sus posibilidades;

    sociedad sin clases: por no existir la propiedad privada no existe la división social en clases sociales, ni la explotación del hombre por el hombre; el hombre ya no es un mero instrumento para la producción, una cosa más que se puede vender y comprar en el mercado, sino un fin en sí mismo, una entidad con realidad propia;

    abolición del Estado: cuando Marx propone la abolición del Estado parece que se refiere al Estado en la medida en que éste es un instrumento para el domino de un grupo sobre otro, no tanto al Estado entendido como conjunto de instituciones que organizan la vida social (derecho, educación, sanidad, orden social, ...), que se acepta porque en la sociedad comunista ya no es expresión de las ideologías sino simple medio para la racionalización de la vida comunitaria. Con la desaparición del Estado burgués desaparece igualmente la política entendida como el ámbito de discusión de opciones económicas, sociales y morales distintas; desaparece la política y entran en juego sólo las discusiones de índole técnico relativas a la mejora de la comunidad;

    desarrollo ilimitado de las fuerzas productivas.

 

CONCIENCIA DE CLASE

Conocimiento que el proletario tiene de la situación de explotación y aliena­ción en la que vive como consecuencia del modo de producción capitalista.

Según la filosofía marxista, en la sociedad capitalista la explotación es un dato objetivo. Sin embargo, no siempre los trabajadores tienen conciencia de dicha explotación, por lo que con frecuencia es necesaria una actividad de propaganda y de concienciación de la clase trabajadora. La conciencia de clase consiste precisamente en este darse cuenta por parte del trabajador de la existencia de la alienación económica, política, social y religiosa en la que vive en la sociedad capitalista. En esta concienciación de la clase trabajadora es muy importante la aportación de la filosofía ya que ésta desenmascara las explicaciones que los propios capitalistas dan para justificar la sociedad capitalista, mostrando, por ejemplo el carácter social —no natural— de la propiedad privada, o la esencial dimensión que tiene la vida productiva para la autorrealización, o la esencia y mecanismo de la alienación económica. La conciencia de clase es requisito indispensable para la revolución y la liberación de la explotación del hombre por el hombre.

 

DERECHA HEGELIANA

O viejos hegelianos. Conjunto de filósofos sucesores o discípulos de Hegel que hacen una lectura conservadora de su pensamiento.

Los seguidores de Hegel se dividen en dos grupos a partir de la distinta interpretación que dan a la religión, la historia y la política la derecha y la izquierda hegeliana. La derecha hegeliana hace una interpretación conservadora de Hegel pues subraya de su pensamiento las tesis que más favorecen las ideas tradicionales, el orden político y social vigente. Al considerar válidas las tesis hegelianas en relación a la historia, y la exposición sistemá­tica de sus ideas, acaban legitimando el Estado prusíano, con los estilos políticos. socia­les y económicos que éste defiende —por lo tanto, el modo de producción capitalista. No son críticos con la religión, ni con el orden social existente. Hay una frase de Hegel que puede expresar bien la diferencia entre el punto de vista de la derecha hegeliana y la izquierda hegeliana: “todo lo real es racional, todo lo racional es real”. La derecha hegeliana prefiere la primera parte de la frase, y, dada la valoración positiva que siempre tiene lo racional, acaban considerando como correcto el estado de cosas existente, puesto que éste es racional, es decir, correcto y bueno. Por el contrario, la izquierda hegeliana prefiere la segunda parte, indicando con ello que lo racional debe ser real, que lo racional aún no es propiamente real, y reclamando la transformación de la sociedad existente para aproximarla a la racionalidad. Rosenkranz, Erdmann, Michelet, Fischer son los más destacados representantes de la “derecha hegeliana”.

Ver “izquierda hegeliana”.

 

DIALÉCTICA

En Man este término designa tanto el peculiar proceso con el que se desen­vuelve la sociedad a lo largo de su propia historia como el modo en que se debe pensar para captar adecuadamente dicho proceso.

         Etimológicamente significa “arte de conversar” de “día", reciprocidad, intercambio, y “logos”, palabra, discurso. Este concepto no es una invención de Marx, ni siquiera de Hegel, pues ya la encontramos en la filosofía griega aunque con un sentido muy distinto. En el mundo griego la dialéctica era el arte de discutir y se oponía a la “retórica” o arte que enseñaba a hablar bien ante un auditorio. En este primer momento la dialéctica se situaba en el nivel del discurso: por ejemplo. Sócrates practicaba el arte de la dialéctica (el diálogo) con sus discípulos para ayudarles a alcanzar las esencias de las cosas; en Platón se identifica con la filosofía misma, y es el método para el conocimiento de las Ideas y el descubrimiento de la Idea de Bien como fundamento de la totalidad de la realidad. La filosofía posterior utilizó esta palabra para designar las enseñanzas dirigidas al aprendizaje de la discusión, y en algunos casos se la identificó con la lógica. En Kant también se sitúa en el nivel del discurso, aunque para referirse propia­mente a aquellas argumentaciones que parecían ser verdaderas sin serlo realmente. Con Hegel el concepto “dialéctica” adquiere un significado más rico e importante. La dialéctica sigue siendo un peculiar movimiento de la razón, pero, dado que la realidad es racional, también un peculiar modo de desenvolverse la realidad. Hegel considera que la Idea o Dios se realiza en el mundo finito (crea el mundo finito) a partir de su propio ser, se niega a sí misma y a su infinitud transformándose en Naturaleza, la cual a su vez se negará de nuevo dando lugar a una realidad superior que incluye en su seno las dos anteriores y dando lugar al mundo del Espíritu. A su vez, el Espíritu se desenvuelve en procesos dialécticos hasta culminar en el Espíritu Absoluto y en la autoconciencia del Espíritu Absoluto mediante la propia filosofía. Marx toma el con­cepto de dialéctica de Hegel pero elimina toda la interpretación religiosa o teoló­gica, considerando que el movimiento descrito por la dialéctica tiene como sujeto el inundo de la naturaleza y de la historia, el mundo finito.

Podemos caracterizar la dialéctica como la teoría que acepta:

1)   El cambio: a diferencia de otros modos de entender las cosas que identifican el ser con lo permanente, la concepción dialéctica concibe al movimiento como una de las categorías fundamentales del ser, la realidad está sometida al devenir y la historia, por lo que quien no sea capaz de captar un objeto en términos de su construcción histórica, de su formarse a través del tiempo, no comprenderá bien dicho objeto.

2)   La contradicción: el cambio tiene su origen en la existencia de contradicciones en el seno mismo de las cosas; la realidad es el ámbito en donde se da el conflicto, el enfrentamiento, y ello tanto en la Naturaleza como en el mundo humano o historia propiamente dicha. Esta idea, traducida en términos de teoría política, implica comprender cómo las distintas construcciones sociales son consecuencia del conflicto entre clases sociales antagónicas.

3)   Racionalidad del cambio: el cambio no es un movimiento caótico, desordenado, sino

que sigue una ley, una racionalidad; hay un orden racional en el desenvolvimiento de

la realidad. El esquema más abstracto de todo cambio es el de tesis, antítesis y síntesis:

tesis: o momento de afirmación de una realidad;

antítesis: o momento de negación de la realidad anterior;

síntesis: o momento de integración de las dos realidades contradictorias ante­riores; esta síntesis es, a su vez, una tesis nueva que da lugar a otra antítesis, la cual da lugar a una síntesis nueva, etc.

(Los términos “tesis”, “antítesis”, síntesis” se encuentran más en la filosofía hege­liana y el idealismo alemán que en los textos de Marx y Engels, quienes prefieren los términos “afirmación, negación y negación de la negación”).

4)  interpretación no fragmentaria de la realidad: las cosas son lo que son en la medida en que forman parte de todos más amplios, en la medida en que participan de relaciones con el todo; cada objeto real es un caso particular o momento del todo. Hegel describe este rasgo indicando que “lo verdadero es el todo”. Esta idea se refleja en la primacía que el marxismo da a la sociedad y al Estado sobre el individuo, en la comprensión del individuo a partir de sus relaciones sociales.

Pero de todas las características citadas, la más importante es la de la contradicción:

para la dialéctica la contradicción, el enfrentamiento entre opuestos, es una dimensión fundamental de la realidad. En este punto, tanto Hegel como Marx reconocerán un antecedente en la idea heracliteana de la “guerra”, es decir, la oposición de los contrarios, como “el padre de todas las cosas”, la esencia íntima del ser.

Las diferencias fundamentales entre la concepción de la dialéctica marxiana y la hegeliana son las siguientes:

    para Hegel el sujeto de la dialéctica es la idea o Dios, para Marx el mundo finito, la Naturaleza, y el mundo humano;

     para Hegel el momento de la negación de la negación (la síntesis) incluye en su interior los momentos anteriores (la tesis y la antítesis), para Marx la negación de la negación no lleva necesariamente a ello; Marx señala más bien el momento de contradicción, de enfrentamiento entre elementos opuestos, y su capacidad para promover el cambio. La prueba de que este momento de síntesis no recoge los términos antitéticos es que en la sociedad comunista las clases sociales desapare­cen, no se mantiene en su seno ninguna de las clases antagónicas.

Ver “materialismo dialéctico”, “materialismo histórico”.

 

DICTADURA DEL PROLETARIADO

Momento posterior a la revolución en virtud del cual el proletariado usa de su poder para expropiar a los capitalistas de la posesión de los medios de producción y concentrarlos en manos del Estado. Es una fase de transición al sistema económico propuesto por Marx como sistema económico ideal: el comunismo.

Ver “cambio social”.

 

FILOSOFÍA CONTEMPORÁNEA

Recibe este nombre la filosofía de los siglos XIX y XX.

Más exactamente, la filosofía contemporánea comienza con la crisis del Idealismo alemán (Fichte, 1762-1814, Hegel, 1770-1831 y Schelling, 1775-1854), en la segunda mitad del siglo XIX, como un intento de superación del pensamiento hegeliano. Resulta muy difícil establecer las características de esta época, como no sea la de la existencia de múltiples y opuestos sistemas filosóficos, ninguno de los cuales parece dominar sobre el resto. Dada la puntualización anterior, se puede arriesgar una carac­terización común si nos limitamos a dos cuestiones:

  escasa valoración de la realidad trascendente (Dios y el mundo espiritual): tal vez éste es uno de los rasgos más comunes a los sistemas filosóficos posthegelianos, pues de una u otra manera la filosofía contemporánea se despreocupa de lo trascendente (con la excepción de la fenomenología y de corrientes menores como el personalismo y la neoescolástica), y en algunos casos parece definirse incluso por su oposición a lo trascendente (marxismo, vitalismo, filosofía analítica, ...);

  crisis de la razón: es también común la duda respecto de que la filosofía pueda alcanzar una descripción racional de la realidad, al menos en el sentido fuerte de racionalidad que ha dominado durante la mayor parte de la historia de la filosofía:

la razón como el instrumento para el conocimiento absoluto (objetivo, universal, informativo y explicativo); en algunos casos porque expresamente se reivindica el irracionalismo (Nietzsche), en otros porque se defiende, también expresamente. el ámbito de la finitud (marxismo, existencialismo), y, finalmente, en otros porque se declara que sólo las ciencias son capaces de obtener un verdadero conocimiento de la realidad (positivismo. neopositivismo y filosofía analítica).

El cuadro siguiente no recoge la totalidad del abigarrado conjunto de teorías que nos ofrecen estos dos últimos siglos, limitándose a los movimientos más importantes y a sus representantes más destacados.

  1) Positivismo                                            4)  Fenomenología

          Comte (1798-1857)                               Husserl (1859-1938)

          Stuart Mill (1806-1873)                         Max Scheler (1883-1955)

          Spencer (1820-1903)                    5) Existencialismo

  2) Marxismo                                                   Kierkegaard(1813-1855)

          Marx(18l8-l883)                                    Heidegger(l889-1976)

          Engels(1820-1895)                                Sartre (1905-l980)

          Lenin (1870-1924)                        6) Neopositivismo y filosofía analí­tica

  3) Vitalismo                                                                                                                                                                                 Nietzsche (1844-1900)                          Russell (1872-1870)

          Dilthey (1833-1911)                              Schiick (1882-1936)

          Bergson (1859-1941)                            Wittgenstein (1889-1951)

          OrtegayGasset (1883-1955)                  Carnap(1891-1970)

 

FUERZAS PRODUCTIVAS

Conjunto de medios de producción que cada sociedad utiliza para obtener los distintos bienes necesarios para la subsistencia. Comprende las riquezas naturales o materias productivas, los conocimientos y medios técnicos utilizados para la producción, y la propia fuerza productiva del ser humano.

Las fuerzas productivas evolucionan con el paso del tiempo y aumentan con el progreso científico y tecnológico. El materialismo histórico considera que a cada estadio de desarrollo de las fuerzas productivas le corresponde un tipo determinado de relaciones de producción. y, más en general, un tipo de sociedad y de política.

Ver “relaciones de producción” y “modo de producción”.

 

IDEALISMO

El idealismo considera que la realidad no es independiente del sujeto cognos­cente o pensante sino una consecuencia de su actividad.

Es preciso no confundir los tres sentidos siguientes de la palabra “idealismo”:

    en el lenguaje corriente llamamos idealista a toda persona que cree imprescindible la realización de un ideal, que no acepta las cosas tal y como son y quiere aproximar la realidad a valores morales y políticos;

    algunos autores llaman idealista a la filosofía platónica porque este autor afirmó que la auténtica realidad estaba en el mundo de las Ideas, y no en la realidad sensible que se ofrece a los sentidos;

    pero en la historia de la filosofía el sentido más propio de este término no es ni el primero ni el segundo: llamamos idealista al filósofo para el cual la realidad es una consecuencia de la actividad del sujeto. Hay que tener cuidado con esta definición pues nadie niega que existen ciertas realidades que son consecuencia de la actividad del sujeto: los objetos artificiales los ha creado el hombre gracias a la intervención de su cuerpo, el artesano crea físicamente un objeto a partir del movimiento de sus manos y de la planificación de su mente; por otro lado, los objetos de la fantasía también dependen de nosotros, en este caso no de nuestro cuerpo sino de nuestra mente. Cuando se indica que para el idealismo la realidad es consecuencia de la actividad del sujeto no se quiere decir nada de lo anterior. Esa actividad no es la de los órganos corporales del sujeto, y la realidad creada de este modo no es una mera fantasía como en el caso de los productos de la imaginación. El idealismo considera que en el acto de conocimiento el sujeto que conoce influye en la realidad conocida, que la mente está sometida a unos procesos o mecanismos que determinan y construyen la realidad del objeto conocido. Un ejemplo claro de idealismo es el de la filosofía kantiana: Kant creyó que la mente impone a la realidad conocida características que son consecuencia de la propia naturaleza de la mente (el tiempo y el espacio, por ejemplo).

El idealismo filosófico se contrapone al realismo filosófico. Podemos comprender qué es el idealismo si lo comparamos con el realismo, la posición filosófica opuesta:

  1) para el realismo

          la realidad conocida existe aunque nosotros no la conozcamos;

          a la realidad conocida no le afecta para nada el hecho de que nosotros la co­nozcamos, su ser no queda modificado por el acto de conocimiento, por el he­cho de haberla conocido o de estar ahora conociéndola;

          en resumen, la cosa conocida es independiente del sujeto cognoscente;

  2) sin embargo, para el idealismo

          la realidad conocida tiene existencia sólo en la medida en que nosotros la conocemos;

          a la realidad conocida le afecta o influye el hecho de ser conocida por nosotros, es

           como es porque nosotros la conocemos;

          en resumen: la realidad conocida no es independiente del sujeto cognoscente.

    Por estas tesis, para muchos autores el idealismo no es otra cosa que una forma

sofisticada de subjetivismo. El idealismo es una concepción filosófica difícil de com­prender, y ello precisamente porque parece contraria a nuestras convicciones más básicas; se suele indicar que el sentido común es realista, que la actitud natural o espontánea de las personas es realista pues de forma espontánea tendemos a considerar que lo que conocemos (lo que percibimos, lo que nos enseña la ciencia) está en la realidad antes que lo conozcamos, que las cosas existen fuera de nuestro pensamiento.

Se han dado distintas formas de idealismo, aunque curiosamente todas después de la filosofía cartesiana. Hasta la Edad Moderna la filosofía había sido realista, con distintas variantes y matices, pero en general realista. A partir de Descartes muchos autores han defendido el idealismo, seguramente como consecuencia del descubrimiento de la sub­jetividad como el ámbito de la evidencia absoluta y de la convicción cartesiana de que el objeto inmediato de nuestro conocimiento no es la realidad en sí misma sino la repre­sentación de la realidad en nuestra mente (las ideas). Las diferencias más importantes entre los sistemas filosóficos idealistas las tenemos en las dos cuestiones siguientes:

    los límites en la tesis de que en el conocimiento el sujeto determina la realidad del objeto conocido: así para el idealismo de Berkeley, Dios y las otras mentes existen de modo independiente al propio pensamiento (no es idealista respecto de su realidad), pero las cosas materiales agotan su ser en ser percibidas, en ser co­nocidas (sí es idealista respecto de su realidad); para Kant nuestra mente influye en el objeto conocido, pero más allá de la realidad conocida hay otra realidad plena, independiente de nuestro pensamiento, incognoscible pero cierta: la cosa en sí; para el idealismo hegeliano, todo es producto del pensamiento, no existe esa supuesta realidad en sí que esté más allá de lo conocido;

    el problema de identificar quién es el sujeto que realiza las distintas síntesis o acti­vidades de conocimiento: para Berkeley el sujeto cognoscente es el hombre concreto, cada persona que percibe y piensa; para Kant el sujeto cognoscente no se puede iden­tificar con el sujeto empírico, con el sujeto que se ofrece en la experiencia y cuya mente se da ya en el tiempo y cuyo cuerpo en el tiempo y en el espacio. Kant no aclaró adecuadamente quién o qué es el sujeto del cual se predican las categorías y el resto de estructuras aprióricas que influyen en el conocimiento y al que llamó sujeto trascen­dental. Para Hegel el sujeto en cuyo pensamiento se muestra y se crea la realidad no es el hombre concreto, el sujeto empírico; este filósofo habla de la Razón, la razón con mayúscula, que parece identificar con lo que ordinariamente llamamos Dios o Infinito.

En algunos textos Marx parece aproximarse al idealismo al afirmar que la realidad no es independiente de la actividad humana (aunque no del espíritu sino de la suma de sus actividades productivas), pero si nos limitamos a su versión más popular, el marxismo es contrario al punto de vista idealista pues considera que la realidad no es consecuencia del espíritu sino el espíritu de la realidad (de la Naturaleza).

 

IDEALISMO ALEMÁN

Movimiento filosófico alemán de la primera década del siglo XIX que, desa­rrollando algunas sugerencias de la filosofía kantiana, considera a la realidad como un producto de la Razón.

El idealismo alemán tiene su origen en Kant: recordemos que, según este filósofo, en la experiencia de conocimiento el sujeto cognoscente es activo, aporta en dicha experiencia las estructuras aprióricas que en él se encuentran y ordena, reúne o sintetiza el material bruto de la sensación mediante mecanismos que descansan en él mismo. El fenómeno —lo único que realmente nos cabe conocer— es una consecuencia de la actividad del Sujeto Trascendental. Sin embargo Kant creyó que podíamos postular la existencia de una realidad trascendente, no fenoménica, una realidad independiente del sujeto (la cosa en sí o noúmeno), aunque para nosotros absolutamente desconocida. Esta tesis limita la actividad de la razón humana, y es consecuencia de la concepción de dicha razón como facultad de conocimiento finita, del reconocimiento de la propia finitud. Sin embargo, los filósofos alemanes posteriores a Kant hacen una valoración más optimista de la Razón y acaban considerando a ésta como una facultad que carece de límites. Las características de este movimiento son las siguientes:

1.  Rechazan la noción de noúmeno o cosa en sí: no existe nada que esté más allá de la realidad conocida, no hay distinción entre la realidad pensada y la realidad en sí misma.

2.  Potencian el papel activo del sujeto: para Kant el sujeto es activo en el sentido de que influye en lo conocido a partir de sus estructuras aprióricas y de los procesos que en ellas descansan, pero creyó también que en el sujeto había una dimensión de pasividad, pasividad que se muestra en el hecho de que el sujeto elabora el fenómeno a partir de un material caótico que le viene ya dado (el material bruto de la sensación); los idealistas consideran que es preciso rechazar esa dimensión de pasividad y concluyen que absolutamente todos los aspectos de la realidad conocida son una consecuencia de la actividad del sujeto cognoscente.

3.  La Razón no se identifica con ninguna razón finita particular el sujeto cuya actividad intelectual da lugar a la realidad no es ningún hombre concreto; estos filósofos no son claros sobre este tema, pero parece —al menos en el caso de Hegel— que la identifican con lo Infinito, cuya expresión más clara en el mundo humano es Dios.

4.  El proceso por el cual la Razón o Infinito da lugar a la realidad tiene lugar en el tiempo y sigue un orden, al que dieron el nombre de dialéctica. Entenderán este movimiento de autodesenvolvimiento de la Razón o dialéctica como un proceso formado por tres etapas: la tesis o afirmación, la antítesis o negación, y la síntesis o superación de los contrarios en una realidad más perfecta que integra, superándolos, los momentos precedentes. Este proceso se puede ejemplificar con la teoría hegeliana de la dialéctica para Hegel los tres momentos básicos son el de la Idea considerada en sí misma y anterior a su revelación en el mundo finito (tesis), la Idea expresándose en el mundo finito, en el ámbito de la Naturaleza (antítesis), y, finalmente, el momento de su perfección mediante la integración de ambas dimensiones en el mundo del Espíritu (síntesis). Simplificando mucho podríamos identificar la Idea con Dios (lo realmente Infinito), la antítesis con su manifestación como realidad finita (el mundo natural), y la superación de ambas realidades con el mundo humano (mezcla de infinito y finito). La idea de la dialéctica como proceso o movimiento basado en la contradicción va a influir poderosamente en la filosofía marxista, aunque desprovista de su dimensión teológica.

5.  Una consecuencia de las tesis anteriores es la clara tendencia panteísta. La teolo­gía anterior (por ejemplo, Santo Tomás) defendía posiciones que se podrían incluir

en el teísmo (la consideración de Dios como un ser personal, providente, creador del mundo natural e independiente de él); el idealismo alemán, sin embargo, tiene una visión más compleja de lo divino, parece considerar al teísmo como una forma de antropomorfización de lo divino, y, eliminando la radical separación entre el ámbito de las criaturas y la realidad de Dios, acaba considerando que todo participa de la infinitud: la Naturaleza es una forma particular de expresarse Dios, como otra es la que vivimos en la religión, y otra la que se ofrece en el arte y la filosofía.

Las tres variantes principales del idealismo alemán son el “idealismo subjetivo” de Fichte, el “idealismo objetivo” de Schelling y el “idealismo absoluto” de Hegel. Marx toma algunos elementos importantes del idealismo alemán, en particular de Hegel (los conceptos de alienación, dialéctica,...), pero interpretándolos en un sentido materialista.

 

IDEOLOGÍA

Sistema de representaciones del mundo (filosofia, arte, religión, derecho, moral  ) que utiliza la clase dominante para legitimar su posición privilegiada frente a las clases oprimidas.

En sociología se llama ideología a todo conjunto más o menos sistemático de creencias que intentan explicar al hombre y el mundo, a la vez que orientar su conducta a partir de ciertos valores aceptados como correctos. En este sentido general, toda teoría del mundo es una ideología: lo es tanto el punto de vista reaccionario como el conser­vador, tanto el progresista como el radical (incluido el propio marxismo). En todas las sociedades encontramos teorías del mundo o ideologías puesto que, como señaló Engels, “todo lo que mueve a los hombres tiene que pasar necesariamente por sus cabezas”. Pero el marxismo añade a este concepto general las siguientes peculiaridades:

a)  entiende la ideología de un modo tan amplio que acaba identificando ideología con cultura; en la “Crítica de la economía política” nos dice Marx que la ideología abarca el derecho, la política, la religión, el arte, la filosofía, y (sugiere) hasta la misma ciencia;

b)  las ideologías no describen al hombre y su situación en el mundo y la sociedad de un modo correcto, sino de un modo deformado, falso;

c)  esa deformación en la descripción del hombre es consecuencia del interés de la clase dominante por mantenerse en su situación de dominio; como nos dice Marx en “La ideología alemana” “las ideas de la clase dominante, son, en todas las épo­cas, las ideas dominantes”. La clase dominante dispone de los medios de producción material, pero también del control y producción de los bienes espirituales, de la producción de la cultura, por lo que las ideas que en una sociedad dominen serán las que la clase dominante quiera que dominen;

d)  las ideologías son un “producto social”: los pensamientos de los hombres son conse­cuencia dela sociedad en que viven, particularmente del orden económico vigente;

e)  como resultado de la tesis anterior, las distintas formas de ideología (religión, política, filosofía) no tienen historia ni desarrollo propio; esto quiere decir, por ejemplo, que una historia de la filosofía que explique los distintos sistemas filosófi­cos a partir de los problemas y las soluciones que los filósofos han presentado (una historia “interna” de la filosofía) es una mala historia de la filosofía; la “buena” historia de la filosofía debe mostrar la relación entre los sistemas filosóficos que aparecen a lo largo de la historia y las circunstancias económicas de las que son un reflejo.

Dada esta interpretación de la ideología como una forma de alienación, una de las tareas fundamentales de la filosofía será la de desenmascarar el supuesto carácter objetivo de las descripciones ideológicas; la filosofía se concibe esencialmente como filosofía crítica. Esto es lo que intenta hacer el marxismo, por ejemplo, con su crítica a la reli­gión y a la economía política clásica. Y es también lo que lleva al marxismo a creer que una de las tareas más difíciles será lograr en el proletariado una conciencia de clase pues, dado el control que tiene la clase explotadora de las distintas formas de producción espiritual, lo más probable es que el propio proletariado defienda ideas que no le convienen, ideas que son las que a la clase dominante le interese que piense. La superación definitiva de las ideologías sólo podrá realizarse con la desaparición de la explotación del hombre por el hombre.

Ver “materialismo histórico”.

 

INFRAESTRUCTURA

O estructura económica. Base material de la sociedad que determina la es­tructura social y el desarrollo y cambio social. Incluye las fuerzas productivas y las relaciones de producción. De ella depende la supraestructura.

Las tesis marxistas más claras relativas a la infraestructura son las siguientes:

   es el factor fundamental del proceso histórico y determina el desarrollo y cambio social; dicho de otro modo, cuando cambia la infraestructura, cambia el conjunto de la sociedad (las relaciones sociales, el poder, las instituciones y el resto de ele­mentos de la supraestructura);

    la componen las fuerzas productivas (recursos naturales, medios técnicos y fuerza del trabajo) y las relaciones de producción (los vínculos sociales que se establecen entre las personas a partir del modo en que éstas se vinculan con las fuerzas productivas, las clases sociales, por ejemplo);

    de ella depende la supraestructura (formas jurídicas y políticas, filosofía, religión, arte, ciencia, ...).

 

IZQUIERDA HEGELIANA

Grupo de filósofos en mayor o menor medida fieles a la filosofía hegeliana, que destacan los aspectos más críticos de su filosofía, defienden posiciones pro­gresistas en política, la mayor independencia del poder civil frente a la religión y tesis contrarias al cristianismo.

La filosofía dominante en Alemania en la primera mitad del siglo XIX fue la hegeliana. Tras la muerte de Hegel en 1831 un grupo de pensadores interpretó su pensamiento en clave conservadora (la “derecha hegeliana”), pero muy pronto aparecieron otros autores con propuestas muy distintas: la “izquierda hegeliana”. Este movimiento comienza con el debate sobre la religión abierto por Strauss con la publicación de su obra “La vida de Jesús” (1835): Strauss considera que el cristianismo tiene una naturaleza mitológica y su éxito se debe a factores históricos y sociales, no sobrenaturales; concluye Strauss que con el desarrollo de la humanidad el cristianismo será superado. Los jóvenes hegelianos o hegelianos de izquierda admiten ese punto de vista crítico. En esta crítica al cristianismo destacó también Feuerbach con su obra “Esencia del Cristianismo” (1841). Las tesis principales de este filósofo en contra de la religión tradicional son las siguientes:

    rechaza la inmortalidad del alma y valora positivamente la percepción y el cuerpo, frente al pensamiento abstracto y al espiritualismo de la filosofía hegeliana;

    la religión y la teología son antropología enmascarada: los predicados que se atribu­yen a Dios se refieren propiamente al hombre, aunque la religión los traslada a un ser abstracto, imaginario; el hombre toma lo mejor de sí mismo (su inteligencia, sus sentimientos, su voluntad) y los traslada al ámbito de lo infinito, inventándose el mundo religioso; Dios no crea al hombre, el hombre crea a Dios;

    la religión es una forma de alienación del hombre; Feuerbach anticipa las ideas mar­xistas de la religión como alienación y como “opio del pueblo: el hombre se aliena en la religión porque, en primer lugar, el mundo trascendente, Dios, es una invención hu­mana creada con los materiales que toma de sí mismo (particularmente de sus senti­mientos), pero más aún porque ese mundo inventado se vuelve contra el hombre mismo, pues su preocupación por lo sobrenatural le resta capacidad para ocuparse del único ámbito en donde le es posible el perfeccionamiento, el mundo de la finitud, el mundo real. Feuerbach reclama un cambio radical en la consideración y valoración de la humanidad y de la religión: antes Dios era el ser ideal que reunía en sí todas las perfecciones imaginables, ahora el depositario de la esencia y los atributos divinos es el hombre, no el individuo concreto, limitado y finito, sino la humanidad en su con­junto. Feuerbach rechaza la religión entendida al modo tradicional, pero reclama lo que algunos autores llaman “antropoteísmo”, una nueva forma de religiosidad ba­sada en la divinización de la humanidad: el hombre es Dios para el hombre.

Marx estudia cuidadosamente el sistema hegeliano y muy pronto participa de las ideas de la izquierda hegeliana y del activismo político de algunos de sus miembros, separándose de ellos tras su radicalización política y su defensa del comunismo. Marx acepta algunas de las ideas principales de Feuerbach (la crítica a Hegel, su reivindicación de la corporeidad y de la percepción, su idea de Dios como invención humana, su tesis de la alienación religiosa), pero rechaza aspectos importantes de su filosofía:

   Marx creyó que la crítica de Feuerbach a la religión era inadecuada porque este filosofo no consiguió entender cabalmente la razón última de la aparición de la religión, que para Marx es la existencia de explotación económica, de la alineación básica consecuencia de la explotación del hombre por el hombre;

    Feuerbach pensó que para la superación de la religión era suficiente su superación intelectual, el desarrollo de una nueva filosofía que mostrase lo absurdo de las cre­encias religiosas tradicionales; Marx creyó, sin embargo, que esta superación en el mundo del pensamiento no es suficiente, además es preciso cambiar la realidad, cambiar el sistema productivo que ha dado lugar a la alienación religiosa (en la sociedad comunista no existirá la religión pues no existirá la explotación económica);

    Feuerbach creyó que los atributos divinos le corresponden al hombre, no al Dios tradicional, proponiendo algo así como una religión de la Humanidad; Marx no aceptó esta sustitución de Dios por el Hombre como objeto de culto religioso. Sin embargo, muchos autores destacan el paralelismo del marxismo con la religión: culto a los líderes, preocupación por las fuentes o textos de Marx como la que el cristiano tiene respecto de la Biblia, escatología o descripción de un tiempo futuro al que inevitablemente conduce la historia y en donde el hombre cumplirá su destino, gusto por los ritos, cánticos, imágenes y las manifestaciones sentimentales multitudinarias, preocupación por mantener a los seguidores en la ortodoxia y persecución de las interpretaciones consideradas heréticas, fe en la verdad de la propia doctrina y en la inminencia de la revolución,... Aunque no es nada descabellada esta interpretación del modo concreto en que muchas personas y sistemas políticos defienden el marxismo, este modo de vivir la doctrina marxiana no coincide con las declaraciones de Marx (el propio Marx criticó irónicamente la lectura dogmática de su pensamiento que ya empezaba a estar presente en su época indicando que él no era marxista).

 

Los principales representantes de la izquierda hegeliana fueron Strauss, Bauer, Feuerbach, Ruge, Stirner, Engels y Marx.

 

MARXISMO

Doctrina de Marx, Engels y de sus seguidores.

Los factores que determinaron la aparición del marxismo fueron:

  la economía política inglesa, particularmente Ricardo y Adam Smith, estudiada y criticada por Marx en “El Capital”; el marxismo aspira a explicar la explotación del hombre a partir dela comprensión de los mecanismos y leyes de la vida económica;

   la práctica revolucionaria: desde sus mismos orígenes el marxismo se presenta como un movimiento revolucionario, por lo que la historia del propio marxismo está trabada con la historia del movimiento obrero;

  la filosofía alemana: Marx se inicia en filosofía con el estudio y crítica de la filosofía hegeliana, participando en el movimiento filosófico denominado “izquierda hegeliana”. Podemos resumir las tesis básicas del marxismo en los siguientes puntos:

1. La filosofía tiene un papel emancipador: es el instrumento intelectual con el que podemos entender las causas de la explotación y la injusticia social y que nos permite actuar racionalmente para la superación de la alienación.

2.  Crítica a la alienación: consideración de que el sufrimiento humano es, básicamente, consecuencia de la explotación económica.

3.  Materialismo histórico: la defensa del papel de la base económica en la gestación y transformación de las sociedades, de la existencia de clases sociales y de su inevitable antagonismo.

4.  Materialismo dialéctico: interpretación de la realidad en términos de materia en movimiento y del mundo natural en términos no mecanicistas sino dialécticos (sin embargo, cabe anotar que todos los marxistas aceptan el materialismo pero no to­dos la interpretación del mundo natural en términos dialécticos).

5. Consideración del mundo en términos materialistas: crítica a la religión, ateísmo y concepción no trascendente de la realidad humana.

6.  Propuestas políticas radicales: en general, el marxismo defiende actitudes políticas muy contrarias al orden político tradicional, defienden la transformación de la sociedad a partir de la lucha obrera y revolucionaria (aunque también encontramos marxistas más moderados que proponen cambios democráticos hacia el socialismo).

7.  Abolición de la propiedad privada: la “receta” para la superación de la alienación y explotación del hombre por el hombre es la abolición de la propiedad privada de los medios de producción, la instauración del comunismo.

8.  Valoración del Estado: frente a las posiciones de derechas, la izquierda, particu­larmente la marxista, entiende al hombre como un ser social y reivindica el papel del Estado como el instrumento adecuado para la redistribución de la riqueza y como el órgano racional necesario para la producción de bienes.

 

Variantes más importantes del marxismo:

       1)  Filosofía de Marx y Engels *                 3)  Escuela de Frankfurt

       2)  Marxismo soviético                                   Marcuse (1898-1979)

               Plejanov(1857-19l8)                              Adomo(1903-1969)

               Lenin (1870-1924)                                 Habermas (1929)

               Trotsky (1870-1940)                     4) Marxismo  estructuralista

               Stalin(1879-1953)                                  Althusser (1918-l99O)

                                                                      5) Marxismo existencialista

                                                                               Sartre(1905-1980)

* Algunos historiadores de la filosofía utilizan la expresión “filosofía marxiana” para  referirse a la filosofía del propio Carlos Marx y distinguirla de las aportaciones de sus seguidores o filosofía marxista.

 

MATERIALISMO

Teoría filosófica para la cual la totalidad de la realidad puede explicarse en términos de materia en movimiento.

 

Como teoría filosófica, el materialismo se opone:

    al idealismo, para el que la materia es un producto de la mente o. espíritu;

    al espiritualismo, que considera imposible reducir el espíritu a materia.

El materialismo afirma que sólo existen sustancias corpóreas, que el mundo natu­ral puede explicarse a partir de sí mismo, sin referencia alguna a un principio explica­tivo exterior como Dios. El materialismo defiende el ateísmo (excepto en aquellos casos en que interpreta a Dios en términos corpóreos, como en la filosofía de Epicuro) y considera que la vida anímica y la conducta humana no son manifestacio­nes de una supuesta substancia espiritual o alma sino del cuerpo, particularmente del cerebro.

A lo largo de la historia de It? filosofía encontramos diversos tipos de materialis­mos, desde el materialismo de los atomistas griegos hasta el materialismo del siglo XX consecuencia de la primacía de la ciencia. En el siglo XVIII muchos de los enciclope­distas defienden tesis materialistas, destacando los materialistas Lamettrie, Helvétius, Maupertuis. En Alemania los sistemas idealistas, desde Kant hasta Hegel, rechazaron el materialismo, pero tras la muerte de éste último, con el desarrollo de las ciencias naturales, y de modo destacado a partir del evolucionismo de Darwin, prolifera de nuevo el materialismo. Marx acepta el materialismo y fue influido particularmente por el que defiende Feuerbach.

 

MATERIALISMO DIALÉCTICO

Teoría filosófica marxista según la cual la realidad puede entenderse como materia que se desenvuelve o modifica siguiendo las leyes de la dialéctica.

El materialismo dialéctico no se encuentra explícitamente en Marx sino en Engels

y posteriormente en Lenin y Stalin. Plejanov le da el nombre y la abreviatura “Diamat”.

Consiste en aplicar a la naturaleza el método dialéctico, particularmente las leyes dialécticas siguientes, tal como las expuso sistemáticamente Lenin a partir de los textos de Engels:

1.  Ley del tránsito de la cantidad a la cualidad: cuando los cambios cuantitativos adquieren un nivel crítico, se produce un cambio cualitativo, un salto que da lugar a una realidad de una especie superior. Engels ilustra esta ley con el ejemplo del agua que se calienta gradualmente hasta que en un momento decisivo se convierte en vapor. La vida se produce por un salto cualitativo de la materia inorgánica, la vida animal de la vegetal y la conciencia espiritual a partir de la animal.

2. Ley de la unidad y lucha de los contrarios: todos los elementos de la naturaleza incluyen en su interior contradicciones, fuerzas antagónicas que dan lugar a nue­vos cambios.

3. Ley de la negación de la negación: en términos de Hegel, tesis, antítesis y síntesis, en términos marxistas, afirmación, negación y negación de la negación. Engels cree que esta ley es válida tanto para la historia, como para el pensamiento, como para la naturaleza misma. La negación no es negación pura y simple sino asimilación de lo negado, pero en un estadio de realidad superior. Engels pone el famoso ejemplo del grano de cebada: si lo consumimos lo negamos sin más, pero si lo plantamos de él sale la planta, que es su negación, y de la planta nuevos granos (negación de la negación).

 

Con el materialismo dialéctico el marxismo se opone al materialismo mecanicista, para el cual las realidades superiores son meros reflejos de las inferiores y pueden ser explicadas con categorías propias de las inferiores: el materialismo dialéctico consi­dera que hay niveles de realidad superiores, consecuencia de los inferiores pero no reductibles absolutamente a ellos (la vida, por ejemplo, al mundo inorgánico, o la con­ciencia a vida inconsciente). El materialismo dialéctico defiende también una concep­ción evolucionista del mundo natural. Marx y Engels estudiaron “El origen de las especies” (1859) de Darwin y creyeron que este autor era capaz de explicar la vida compleja a partir de vida más simple sin necesitar de principios teológicos.

 

MATERIALISMO HISTÓRICO

Teoría marxista de la historia. Cree posible entender los cambios sociales y políticos a partir de los cambios que se dan en la base material de la sociedad, en los modos de producción.

El materialismo histórico quiere ser una teoría científica sobre la formación y desa­rrollo de la sociedad. Mediante una teoría económica, histórica y filosófica intenta descubrir las leyes que rigen el cambio social y presenta un método para la interpretación de los conflictos sociales y su transformación. La característica definitoria del mate­rialismo histórico (abreviado a veces con la fórmula “Hismat”) consiste en la afirma­ción de que son las bases económicas y los modos de posesión de los bienes materia­les los que se encuentran a la base de toda transformación social. La estructura social y el motor del cambio no son las voluntades de las personas tomadas indivi­dualmente, ni las ideas, ni mucho menos la voluntad divina, sino lo material, la vida económica y social reales del hombre, las necesidades económicas y los intereses económicos de los distintos grupos sociales.

Se suele incluir al materialismo histórico en lo que se ha llamado “teorías o filosofías de la sospecha”: las “filosofías de la sospecha” mantienen que para comprender la con­ducta de un individuo o de un grupo social no es adecuado atender a la explicación que dicho individuo o grupo da, pues dicha explicación no es objetiva, está mediatizada, es consecuencia de los intereses del individuo o grupo. Para entender a un individuo o grupo es necesario “sospechar” de la comprensión que él tiene de sí mismo y remitirse a otro nivel de realidad distinto al de la propia conciencia. Los filósofos de la sospecha han sido Freud, que destaca la motivación inconsciente en la conducta humana, Nietzsche, para el

que la cultura occidental esconde su carácter antivital, y el marxismo, según el cual el fundamento verdadero de la conducta social no está en el nivel de la comprensión que los hombres tienen de sí mismos, comprensión que se sitúa en el nivel de las ideologías, sino en el nivel de los intereses económicos y políticos del grupo dominante.

Marx nunca utilizó los términos “materialismo histórico” o “materialismo dialéctico”; Marx y Engels utilizaron más bien las expresiones “método dialéctico” o “teoría ma­terialista de la historia”.

 

MERCANCÍA

Objeto producido en la sociedad capitalista dotado de valor de uso y valor de cambio. Marx la define como la “célula económica de la sociedad burguesa”.

En los “Manuscritos filosófico-económicos” Marx analiza la alienación desde una perspectiva más filosófica que científica, y concluye que a la base de dicha alienación se encuentra la estructura económica y social del capitalismo. En “El Capital” llega a la misma conclusión, pero en este caso desde una perspectiva que quiere ser más científica que filosófica; el carácter científico que Marx quería otorgar a sus ideas le viene dado por el hecho de que ahora su investigación tiene corno punto de partida la interpretación, desde la economía y la sociología —dos ciencias—, de la ingente cantidad de datos manejada por él en el Museo Británico. La Economía Política clásica inglesa estudiaba la sociedad capitalista y Marx llevará a cabo una crítica teórica de dicha Economía mostrando que es ideológica en la medida en que “oculta la alienación esencial del trabajo”. En “El Capital” dicha crítica tiene como base el uso de los conceptos “valor de uso”, “valor de cambio”, “mercancía”, “trabajo general abstracto”, “plusvalía”, “acumulación de capital”,

Marx llama mercancía al elemento básico de la vida económica en la sociedad capitalista. Distingue dos tipos de valores en las cosas y en las mercancías: su valor de uso y su valor de cambio. El valor de uso de un objeto es su capacidad para satisfacer alguna necesidad humana, y el valor de cambio el valor que un objeto tiene en el mercado y que se mide en dinero, en términos puramente cuantitativos. Hay objetos que tienen valor de uso pero no valor de cambio (el aire que respiramos, los sentimientos de las personas, el propio cuerpo humano), pero la tendencia de las sociedades de explotación (particularmente del capitalismo) es hacer de todo objeto que sirva para algo un objeto para vender y comprar, es decir una mercancía (se intenta vender el propio cuerpo, el talento y los sentimientos, ...). Podemos llamar mercancía a todo objeto que se pone en el mercado, a todo objeto producido con vistas a su cambio por otros objetos, con vistas a ser vendido en el mercado.

El valor de cambio de un objeto no depende necesariamente de su valor de uso (de su utilidad social por ejemplo) sino del valor que tiene en el mercado, particularmente de su escasez o abundancia, y de la cantidad de trabajo socialmente necesario para producirlo. Es preciso decir que “socialmente necesario” porque no depende tanto del tiempo concreto que se ha tardado para producirlo como del que tarda la sociedad,

dado el desarrollo de la técnica y de los distintos mecanismos productivos: si un trabajador tarda en producir una mercancía ocho horas cuando otros trabajadores la producen en cuatro, las otras cuatro horas no se traducen en un aumento del valor de la mercancía, simplemente, corren de su cuenta. A este trabajo que socialmente se necesita para crear una mercancía se le llama “trabajo general abstracto”. Una pecu­liaridad del enfoque marxista es su tesis de que en la sociedad capitalista la fuerza del trabajo es una mercancía más, y que como tal tiene valor de uso (pues produce trabajo general abstracto) y valor de cambio (lo que el capitalista paga al trabajador).

 

 

MODO DE PRODUCCIÓN

Forma de producir los distintos bienes necesarios para la subsistencia. Los elementos básicos que se tienen en cuenta para caracterizar un modo de producción son el tipo de fuerzas productivas y el tipo de relaciones de producción.

Marx y Engels han clasificado las sociedades a partir de los distintos modos de producción. Nunca establecieron una clasificación definitiva, y a lo largo de todas sus obras encontramos distintas propuestas. La más conocida es las siguiente:

 

1)   Comunidad tribal: es el modo de producción más antiguo. Se formó por la reunión de varias familias. Primero fue nómada y después agrícola. Con escasa división del trabajo y poca productividad, estas sociedades practicaron un comunismo primitivo y en ellas no encontramos clases sociales.

2)   Sociedad asiática: continuación de la anterior. Sociedad rural en la que no existe aún la propiedad privada. La propiedad está en manos del déspota o del consejo formado por los jefes de familia, que controlan la propiedad con vistas al interés común.

 

3)     La ciudad antigua: la organización social de la antigua Grecia y de Roma son ejemplos de esta sociedad. Se forma por la agrupación de varias tribus. El poder está en la ciudad, no en el campo. En su origen la organización social es militar y la propiedad de la tierra se obtiene con la guerra. Junto con las tierras propiedad del Estado aparece la propiedad privada. El Estado es expresión de los hombres libres o ciudadanos. Las clases sociales fundamentales son la de los ciudadanos y la de los esclavos.

4)     Sociedad feudal: de origen rural, aunque pronto se hace también urbana. La tierra está en manos de grandes propietarios y la trabajan los siervos. En ella encontramos división del trabajo, clases sociales y jerarquía social. En la ciudad también existe división y jerarquía social: los artesanos deben pertenecer a corporaciones, y dentro de ellas la jerarquía básica es: artesanos, oficiales y aprendices.

5)      Sociedad capitalista burguesa: aparece como consecuencia del desarrollo del comercio y de la industria. Existe un gran desarrollo técnico y una fuerte división del trabajo, lo que da lugar a clases sociales muy diferenciadas. La clase dominante es la burguesía, de origen urbano. La concentración de trabajadores con vistas a la mayor productividad da lugar a la aparición del proletariado. Fases:

  capitalismo comercial: con la ampliación de los mercados y el descubrimiento de nuevos productos y materias primas aparece y se desarrolla la clase burguesa;

   capitalismo manufacturero e industrial: la producción se hace masiva gracias a la aparición de las fábricas, la especialización en la actividad productiva y la concentración de los trabajadores en las ciudades. La sociedad pasa de ser rural a urbana. Aparece la clase obrera o proletariado;

   capitalismo financiero y colonialista: ni Marx ni Engels conocieron esta fase; la estudió Lenin.

 

Según el modo de producción y las relaciones sociales que de él se derivan, así será la estructura social. Cuando en una sociedad no todos sus miembros trabajen, es decir, no todos participen en la producción, esta sociedad será clasista, estará divida en clases sociales, una de las cuales será explotadora y otra, la compuesta por los trabajadores, explotada. Así, en la Antigüedad había amos y esclavos; en la Edad Media había señores y siervos, y en la Edad Moderna capitalistas y proletarios.

Ver “fuerzas productivas” y “relaciones de producción”.

 

 

NATURALEZA DEL HOMBRE

O rasgos del hombre que dependen de su propio ser.

En el tomo 1 de “El Capital”, Marx distingue entre la naturaleza humana en general y la naturaleza humana históricamente condicionada por cada época. Con esta distinción señala que el hombre posee algunos rasgos que van más allá de la posible influencia de la sociedad, dependientes de nuestra estructura biológica y psicológica, y que determinan apetitos o inclinaciones comunes a todos los hombres (por ejemplo el instinto por satisfa­cer el hambre, el instinto sexual, la inclinación a la sociabilidad, ...). La sociedad podrá encauzar y realizar las disposiciones que dependen de esta naturaleza constante de distin­tos modos, pero nunca podrá eliminarlas. Frente a estos rasgos universales se encuentran los que son consecuencia de las estructuras sociales y las condiciones de producción y que son distintos en cada momento histórico. El concepto de naturaleza humana es impor­tante porque sirve de fundamento para la universalidad de la crítica marxista: la explotación del hombre por el hombre es inaceptable porque todos los hombres son por naturaleza iguales, porque todos los hombres por naturaleza son seres activos cuyo destino es la perfección y el bien en la esfera del trabajo. Pero también es importante indirecta­mente por descartar que en dicha naturaleza se encuentre el derecho de propiedad de

 

los medios de producción. Este derecho es consecuencia de un orden social que no siempre se ha dado y que dejará de darse tras la revolución. La moral burguesa, al entender la propiedad privada como un “derecho natural”, hace la trampa de convertir un hecho (el hecho de que realmente se dé dicha propiedad en la sociedad capitalista) en un derecho.

 

OBRAS DE Marx

 

OBRAS DE MARX

año

obra

1841

Diferencias entre la filosofía de la naturaleza de Epicuro y la de Demócrito

1844

Para la crítica de la filosofía hegeliana del derecho

1844*

Manuscritos económicos y filosóficos

1845

La sagrada Familia (redactada junto a Engels)

1845

XI tesis sobre Feuerbach

1845*

La ideología alemana (redactada junto a Engels)

1848

Manifiesto del partido comunista (redactada junto a Engels)

1849

Trabajo asalariado y capital

1850

La lucha de clases en Francia de 1848 a 1850 (artículo de revista)

1852

El dieciocho de Brumario de Luis Bonaparte (artículo de revista)

1859

Contribución a la crítica de la economía política

1875

Crítica al programa de Gotha

1867

El Capital (primer tomo)

1885*

El Capital (segundo tomo, publicado por Engels)

1894*

El Capital (tercer tomo, publicado por Engels)

 

* obras póstumas

 

 

PLUSVALÍA

Beneficio que obtiene el capitalista con la venta de las mercancías producidas por el trabajador.

Marx distingue en toda mercancía su valor de uso de su valor de cambio. El valor de uso es el valor que un objeto tiene para satisfacer una necesidad. Este concepto se refiere a los rasgos de las cosas gracias a los cuales nos son útiles para la satisfacción de cualquier tipo de necesidad, desde las más biológicas como comer, hasta las más espirituales como las que se refieren al ocio y el mundo de la cultura. El valor de cambio es el valor que un objeto tiene en el mercado, y se expresa en términos cuantitativos, medidos por el dinero. Dos objetos con diferente valor de’uso pueden tener el mismo valor de cambio si así lo determina las leyes del mercado, por ejemplo un ordenador puede costar lo mismo que una moto. El rasgo peculiar de la sociedad capitalista es que en ella la fuerza de trabajo es también una mercancía dado que el productor no dispone de otro recurso para obtener bienes y medios para su subsistencia, debe poner la fuerza de su trabajo en el mercado. Del mismo modo que en el mercado las mercancías están sometidas a las fluctuaciones del mercado, básicamente por las leyes de la oferta y la demanda, la fuerza de trabajo tiene también un precio determinado por las mismas leyes. Pero a diferencia de otras mercancías —un coche por ejemplo— que satisfacen meramente necesidades humanas, la mercancía que llamamos fuerza productiva tiene la peculiar característica de producir otras mercancías. La fuerza de trabajo tiene un valor de cambio (el sueldo que recibe el trabajador) un valor de uso (su valor para producir otras mercancías). A su vez, estas mercancías creadas por dicho trabajo tienen, claro está, valor de uso y valor de cambio, pero el valor de cambio que éstas tienen siempre es superior al valor de cambio que tiene la fuerza productiva que las ha creado (al salario). Aunque añadamos a este último valor otras cantidades como las que puedan corresponder a la amortización de las máquinas usadas en la producción, o los costes financieros que el empresario gasta para llevar adelante su negocio, siempre habrá una diferencia. A esta diferencia se le llama plusvalía y es el beneficio del capitalista Sin este beneficio no habría sociedad capitalista.

fuerza productiva   valor de uso: produce la mercancía 1 (una mesa, por ejemplo)

valor de cambio = X (sueldo)

mercancía 1:          valor de uso (cualquiera de las utilidades de la mesa) valor de cambio = Y

plusvalía Y—(X + Z)

siendo “Z” otros gastos del empresario (financieros, amortización de las máquinas, ...).

Ésto, traducido en términos de horas-trabajo, quiere decir: de las ocho horas que el trabajador trabaja, una parte trabaja para él (la que revierte en lo que realmente le paga el empresario) y otra para el empresario (la que da lugar al exceso de valor de cambio que no revierte sobre el trabajador y que da lugar ala ganancia del empresario plusvalía).

La propuesta del marxismo es la desaparición de la plusvalías es la idea de que el valor del objeto producido por el productor vuelva a éste; bien sea porque los beneficios se reparten directamente entre todos los obreros, como ocurre en la interpretación cooperativista del socialismo, bien sea porque el Estado los restituye indirectamente al productor en la forma de otros bienes de los que puede disfrutar (carreteras, educación Y sanidad gratuitas, subsidios de desempleo, o de vejez, ...), como es el caso de la interpretación más estatalita.

 

RELACIONES DE PRODUCCIÓN

Conjunto de relaciones que se establecen entre los hombres como consecuen­cia de la producción O trabajo..

En las relaciones de producción el marxismo distingue entre:

    relaciones técnicas: relaciones que se establecen entre el agente y el medio de producción y el proceso de trabajo en general (por ejemplo el artesanado o pro­ducción individual, o el modo de producción cooperativo simple que existía en la caza primitiva). Da lugar a la división técnica del trabajo;

     relaciones sociales se establecen entre los agentes mismos; son los vínculos que se establecen entre los hombres que participan en el proceso de producción. Dan lugar a las clases sociales, que son básicamente dos: los propietarios de los me­dios de producción y los no propietarios de los medios de producción. Las dos formas de las relaciones sociales son la relación de explotador a explotado y la re­lación de colaboración recíproca en donde no se da la explotación (comunismo primitivo y futuro comunismo).

 

Las relaciones de producción no son consecuencia de la voluntad de las personas sino de las condiciones materiales de producción correspondientes a cada momento histórico.

 

Ver “modo de producción”.

 

SUPERESTRUCTURA

Conjunto de elementos de la vida social dependientes de la infraestructura. En este conjunto se incluyen la religión, la moral, la ciencia, la filosofía, el arte, el derecho y las instituciones políticas y jurídicas.

La tesis básica del materialismo histórico es que la superestructura depende de las condiciones económicas en las que vive cada sociedad, de los medios y fuerzas producti­vas (infraestructura). La superestructura no tiene una historia propias, independiente, sino que está en función de los intereses de clase de los grupos que la han creado. Los cambios en la superestructura son consecuencia de los cambios en la infraestructura. Esta teoría tiene importantes consecuencias:

  por una lado, la completa comprensión de cada uno de los elementos de la superes­tructura sólo se puede realizar con la comprensión de la estructura y cambios eco­nómicos que se encuentran a su base;

  por otro, la idea de que no es posible la independencia de la mente humana, del pensamiento, respecto del mundo económico en el que están inmersas las personas lc que puede fomentar un cierto relativismo.

En el caso de la filosofía, ello quiere decir que la historia de la filosofía  no  puede ser una historia interna del pensamiento (algo así como la historia de cómo Unos temas filosóficos dan lugar a otros); es preciso apelar a algo externo a ella misma. como es la economía, para comprender la propia filosofía. Las teorías filosóficas son consecuencia de las circunstancias económicas y de la lucha de clases en la que está inmersa la sociedad en la que vive cada filósofo.

Ver “infraestructura”.

 

TRABAJO

 

Actividad por la que el hombre transforma la realidad para satisfacer sus necesidades físicas y espirituales. En las sociedades de explotación el trabajo se vive como una experiencia alienada, y no como una actividad de autorrealización.

Es preciso darse cuenta de que para Marx la noción de trabajo va más allá de su dimensión puramente económica y se convierte en una categoría antropológica: Marx caracteriza al hombre como un ser dotado de un “principio de movimiento”, principio que determina su impulso para la creación, para la transformación de la realidad. El hombre no es un ser pasivo sino activo, y el trabajo o la actividad personal la expresión de sus capacidades físicas y mentales, el lugar en donde el hombre se desarrolla y perfec­ciona (más exactamente, donde se debería desarrollar y perfeccionar); de ahí que el trabajo no sea un mero medio para la producción de mercancías sino un fin en sí mismo y que pueda ser buscado por sí mismo y gozado. Dada esta comprensión de la naturaleza humana como la de un ser que sólo puede encontrar su perfección en el trabajo, no es extraño que el tema central de la filosofía marxista sea la transfor­mación del trabajo sin sentido, enajenado, del trabajo como un mero medio, en un trabajo enriquecedor, en un trabajo libre. En sus primeros escritos, llamó “actividad personal” a la realización de esta inclinación al movimiento, y cuando criticó la forma concreta de darse esta actividad en las sociedades de explotación pidió la “abolición del trabajo”. En escritos posteriores estableció la diferencia entre trabajo libre y trabajo enajenado y su crítica a la alienación se expresó en su preocupación por la “emancipación del trabajo”.

 

VALOR DE CAMBIO

Ver “plusvalía”.

 

VALOR DE USO

Ver “plusvalía”.

 

VIDA GENÉRICA

Marx define al hombre indicando que es un ser genérico; con ello quiere decir que lo propio del ser humano es siempre lo universal, tanto en el cono­cimiento (cuyo objeto es lo universal) como en la praxis: el hombre es un ser social y sólo en su vida social —en su trato con lo universal— puede encontrar su realización plena.